Apuntes de la bitácora de
viajes
"Al encuentro de la
China profunda” (5)
Ing. Luis Alberto Arenas
Vega
Bogotá, octubre de 2024
P O S T A L E S D E B E I J I N G
El presente texto es la quinta y última crónica de un viaje que comenzó yterminó en Beijing, de donde partimos mi hijo Carlos y su familia y el suscrito,para recorrer las provincias de Hunan y Shaanxi y la región autónoma deGuangxi, en la frontera de la China profunda. Eran los días finales de agosto yprincipio de septiembre del año en curso, en la parte final del verano delhemisferio norte.
La Ciudad Imperial
La antigua Pekín estuvo claramente dividida en una Ciudad Interior, comenzada a construir durante las dinastías tártara y mongola, y en una Ciudad Exterior. La Ciudad Interior era la Ciudad Imperial donde residía la familia real y la nobleza y la Exterior donde vivía la población china. La Ciudad Imperial estaba compuesta por la Ciudad Prohibida, el parque Behai y el barrio de las Legaciones extranjeras. Desde su inauguración (1406) hasta el día de hoy, la Ciudad Imperial ha sido la sede del Gobierno de China. La principal entrada, hacia el sur, da a la plaza Tiananmen que fue construida en la década de 1950. Hacia el norte, está la puerta que da hacia el parque Behai con su gran lago que se extiende hacia el oriente de la ciudad.
La Plaza de Tiananmen es una de las plazas más grandes
del mundo: casi 900 metros de largo y 500 metros de ancho. Sin embargo, la
majestuosidad que uno podía apreciar antaño, hoy se ve opacada por una o dos avenidas que la cruzan y las comitivas
de las innumerables visitas oficiales que van rumbo a las dependencias
gubernamentales que rodean la plaza. Además la entrada ha sido restringida a
lugares previamente señalados. Nosotros anduvimos perdidos un buen tiempo para
lograr ubicarnos adecuadamente y poder entrar a la gran plaza.
Aleros de un palacio de la Ciudad Prohibida, Beijing. Foto del autor.
Hoy se conserva en Beijing uno de los más célebres templos del imperio, el Templo del Cielo, situado al interior de un parque hacia el nororiente de la Ciudad Prohibida y visitado por ingente multitud de turistas que van o vienen de la Ciudad Prohibida.
En la cultura ancestral china los templos eran los lugares por excelencia para el contacto entre el mundo terrenal y el cielo. Y especialmente los templos oficiales donde el emperador realizaba los ritos para garantizar la completa armonía del funcionamiento de los ciclos de la naturaleza. Cuando ocurrían catástrofes o eventos estelares no previstos, el pueblo campesino comenzaba a recelar de la estirpe gobernante, porque se pensaba que los ritos no se estaban ejecutando adecuadamente o se ejercía un mal gobierno. Es una clase de templos donde no hay estatuas de dioses, ni de santos, ni objetos simbólicos sagrados, tampoco escritos con frases reveladas como en las mezquitas: sólo el hombre frente a la naturaleza a la que ofrenda las primicias de las cosechas.
Lo que se puede admirar hoy es su arquitectura, los
edificios adyacentes y el entorno que los rodea. Durante mi primera visita en
la década de 1970, se podía entrar tanto al recinto interior del Templo del
Cielo como al Salón del Trono en la Ciudad Prohibida. Ahora por las grandes
multitudes que los visitan está restringido el acceso.
Multitudes anhelantes ascienden a la entrada del Templo del Cielo, Beijing. Foto del autor.
Cerca de Beijing se han habilitado dos accesos a la Gran Muralla por los pasos de Badaling y Mutianyu. Badaling ya lo habíamos visitado en anteriores viajes y está a 75 km de la ciudad, fue el primero en abrirse a los turistas en 1957 y es el más cómodo para visitarlo. El segundo está un poco más alejado, a hora y media de Beijing; la sección tiene 23 torres de vigilancia y una longitud 1,6 km. La muralla es muy empinada, apta para quienes estén en buena forma física. Un telesférico lo lleva a uno desde la base a la torre 14, prácticamente a la mitad de la sección.
La Gran Muralla ha sido de las obras civiles que más ha cautivado a Occidente por su majestuosidad y grandeza y se le atribuye al Primer Emperador el comienzo de la construcción. “Una muralla infinita / construida en un tiempo infinito / por un ejército infinito”, tal ha sido la descripción de muchos escritores asombrados por su colosal magnitud. La muralla que hoy pueden contemplar los viajeros tiene una extensión de 6.350 km y es conocida en China como la ‘Gran Muralla de los 10.000 li’. Compárese esta longitud con los 6.342 km de frontera terrestre de Colombia. Si hubiese sido construida en estas tierras, había cumplido el designio de sus constructores: aislar al país de sus vecinos.
Pero en los tiempos de grandes cambios en la sociedad china, como en la revolución cultural o el más reciente periodo de apertura y reforma económica, estas monumentales obras han sido puestas en entredicho pues, se afirma, han moldeado la psicología de la nación. En un famoso documental, transmitido por la televisión en varias oportunidades, Elegía del río (1988) del militante de la nueva izquierda Wang Hui, donde se desmitifica el río Amarillo---el mito del río-madre de la civilización china, la Gran Muralla es presentada como un símbolo del aislamiento sin sentido practicada por la élites chinas en el pasado. Es el llamado prejuicio o mentalidad de la Gran Muralla: todo debe estar amurallado, el país, las ciudades, los hogares, las ideas. Según el Wang Hui, las grandes obras civiles, como la Gran Muralla, fueron hitos que ayudaron a formar una conciencia colectiva pero a largo plazo impidieron el desarrollo del país: «Desde 1840, ha habido gente que ha utilizado el esplendor y la grandeza del pasado para ocultar el retraso y la debilidad de nuestra situación actual…»1
La muralla que se observa hoy va serpenteando por los filos de las montañas, descendiendo a los valles y cerrando los estrechos pasos montañosos. Atraviesa cinco provincias y dos regiones autónomas del nordeste del país. Las secciones cercanas a Beijing están muy conservadas, son extremadamente sólidas, uniformemente construidas con enormes piedras labradas y ladrillos. La altura promedio es de 7,8 m y una anchura en la base de 6,5 m y 5,8 m en la parte superior. Pero en otros lugares de la extensa muralla, como no podría ser de otro modo en una obra tan colosal, los más retirados de los centros urbanos, hay sectores abandonados, desmoronados, y, peor aún, han sido destruidos en tiempos recientes.
Paul Theroux, uno de los grandes cronistas y autor de libros de viaje de nuestro tiempo, vio en la Gran Muralla un símil del legendario dragón, un ser que ocupa un lugar de excelencia en la mitología china:
«El dragón es el ser preferido de los chinos (‘Viene inmediatamente después del hombre en la jerarquía de los seres vivos’) y hasta hace poco---ochenta o cien años---creían en su existencia. Muchas personas informaron que habían visto dragones vivos… y por descontado que se habían desenterrado esqueletos fosilizados de dragón. Era un buen augurio y, sobre todo, un protector. En China desconocen al dragón merodeador y al asesino. Se trata de unos de los símbolos más amistosos y perdurables de toda China. Descubrí una semejanza fascinante entre el dragón chino y la Gran Muralla, la forma en que ésta se curvaba y se deslizaba arriba y abajo por la montaña mongola; el modo en que las almenas semejaban las aletas del lomo de un dragón y sus ladrillos, las escamas; su aspecto serpenteante protector, pues ondulaba incesantemente de un confín a otro».2
La Gran Muralla, paso Mutianyu, torre 14, cercanías de Beijing. Foto del autor.
Debido a que mi vuelo se retrasó 24 horas tuve tiempo para visitar la Biblioteca Nacional de China-BNCh, formada por un complejo de seis edificios modernos, uno de los cuales alberga el Museo Nacional de Libros Clásicos chinos inaugurado en 2012 y que comprende diez salas de exhibición permanentes.
Tomando como criterio el número de libros de formato actual en papel, es una de las grandes bibliotecas nacionales con 23 millones de volúmenes, después de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos (37 millones) y antes de la Biblioteca Británica (13.5 millones).
Pero los verdaderos tesoros que resguarda y relacionados con la escritura en la civilización del Reino Medio son la colección de 35.000 oráculos inscriptos en huesos y caparazones de tortuga de los siglos XVI al IX antes de nuestra era, la cuarta parte de lo existente en el mundo; innumerables textos escritos en tablillas; 270.000 rollos y ya en formato de libro, 1.700.000 volúmenes antiguos de seda o papel encuadernados en hilo; y los archivos de las bibliotecas imperiales de las principales dinastías. Otro importante fondo son los 16.000 rollos budistas procedentes de la Gruta de Mogao en Dunhuang y de los sutras del siglo VI.
Los monjes budistas dejaron grandes obras civiles como las grutas cavadas en los riscos montañosos, construidas para la meditación y la lectura de textos sagrados, adornadas con murales y budas de diferentes tamaños, formas y de todos los colores. Las más famosas son las 480 cuevas de Dunhuang, un oasis en el desierto de Gobi y lugar para descanso de las caravanas que transitaban la ruta de la seda. Esta construcción llamada La ciudad sagrada de los arenales y también La Gruta de los mil Budas, comenzó en el año 111 y se concluyó varios siglos después. Las cuevas fueron saqueadas entre 1907 y 1923, por ingleses, franceses, estadunidenses y japoneses, en este orden; se calcula que sustrajeron 10.000 rollos y un número incierto de obras de arte. Por ejemplo, de Dunhuang procede el Sutra del diamante, hoy en la Biblioteca Británica en Londres, el libro impreso más antiguo completo y fechado descubierto hasta ahora. El Jingangjing consta de siete páginas de 70 centímetros de largo cada una y la columna final señala que fue impreso con planchas de madera, grabadas en el noveno año del reinado Xian Tong de la dinastía Tang. Corresponde al año 868 del calendario occidental.
Un hito cultural reciente (2019) de la BNCh fue la reedición de los textos sobrevivientes de la enciclopedia más antigua de la historia, el Gran Canon de la Era Yongle, que pretendía recopilar todo el saber de la civilización china hasta el siglo XV. Iniciada en 1403 en Nankín por orden imperial y terminada cinco años después con el trabajo de 2.169 eruditos comprendía 22.937 rollos. Esta gran obra intelectual tuvo un sino trágico: los desastres naturales, las guerras internas y las invasiones colonialistas europeas la redujeron a solo 400 rollos, de los cuales 221 actualmente están en la BNCh y los restantes en instituciones públicas de varios países y colecciones privadas. Esta reedición parcial, la tercera de que se tenga noticia, está expuesta para la visita pública de manera permanente.
En Beijing existen otras dos grandes bibliotecas: la Biblioteca de Beijing y la de la Universidad de Beida. La de la ciudad es reconocida por su arquitectura moderna espectacular y la de la segunda como una de las mayores bibliotecas universitarias, ocho millones de libros. Mientras parece que en el resto del mundo existiera una tendencia a descuidar las bibliotecas públicas, en China la tendencia es la contraria. El periódico “Global Times”, editado en Beijing, informaba en su edición del 4 de septiembre pasado que el servicio bibliotecario con un horario de 24 horas todos los días el año estaba ganando popularidad en China, donde existen 3.246 bibliotecas públicas con 1.440 millones de libros físicos. Un funcionario de la Academia Central de Cultura le recordaba al reportero del “Global Times” que para la sociedad china actual «visitar museos, bibliotecas y exposiciones artísticas no es una diversión, sino una forma de vida».3
Biblioteca Nacional de China, entrada edificio sala general de lectura, Beijing. Foto del autor.
Una discusión por los
palillos para comer
El escritor colombiano Santiago Gamboa en su libro sobre una visita a Beijing trae la siguiente divertida anécdota:
«Un diplomático francés, en una cena oficial, pidió a gritos un juego de cubiertos, pues la mesa estaba dispuesta al modo chino.
---¿Ustedes llevan tres mil años comiendo con estas cosas?--- preguntó el francés, algo molesto, señalando los palillos.
---Sí--- respondió su anfitrión. Llevamos tres mil años. Ustedes, en Francia, hace doscientos aún comían con las manos».4
Un lugar del mundo donde
los instantes pueden ser perfectos
Simone de Beauvoir, una de las mayores escritoras francesas y compañera de toda la vida del filósofo Jean-Paul Sartre, visitó a China al cumplirse los diez años de la fundación de la República Popular. Con esta reflexión termina su ensayo:
«Doce horas de vuelo, sobre las grandes llanuras húmedas, y estamos nuevamente en Pekín. Ha llegado el otoño. Los árboles han adquirido el color de los techos imperiales. En las esquinas se asan castañas, mezcladas con un fino polvo de carbón. A lo largo de las avenidas serenas vuelvo a encontrar los azules de Cézanne. Cuando vuelvo a ver Pekín, comprendo cuánto lo amo. Es menos animado que Shanghai, menos colorido que Cantón. Pero nada hay en China que pueda compararse con la belleza de un hutong gris bajo una luna fría como un banco de hielo, y estrellas punzantes como agujas de hielo. La voz de un vendedor de tallarines resuena entre los muros ciegos; a lo lejos, una aldaba golpea la madera de una puerta; no hay otros ruidos; el olor agrio de la tierra llena la noche. Pekín es uno de los escasos lugares del mundo donde ciertos instantes son perfectos».5
NOTAS
(1) Leonard, Mark, ¿Qué
piensa China? El debate interno sobre su futuro, traducción de Luis González M., Icaria Editorial,
Barcelona, 2008, p. 42.
(2) Theroux, Paul, En el
gallo de hierro-Viajes en tren por China, traducción de Margarita Cavándoli, Ediciones B,
Barcelona, 1997, p. 374.
(3) Nighttime knowledge
hubs, “Global Times”, Beijing, september 4, 2024.
(4) Santiago Gamboa,
Octubre en Pekín, Mondadori Editorial, Barcelona, 2001, p. 227.
(5) Simone de Beauvoir,
La larga marcha-Ensayo sobre China, Editorial La Pleyade, Buenos Aires, 1970,
p. 460.
AGRADECIMIENTOS para aquellos amables lectores que por
diversos medios me hicieron llegar sugerencias para mejorar estas crónicas y a
todos por su atenta lectura y comprensión. Y a mi hijo y su familia por la
organización del itinerario y de los innumerables detalles de tan largo viaje.
Bogotá,
octubre de 2024



