Por Eduardo Gómez
La capacidad de falsear la historia de los medios de
comunicación capitalista se inclina cada vez más (y va en aumento a medida que
el Sistema presenta más grietas) a
invertir los valores fundamentales del mundo civilizado y ha logrado tal poder
para aturdir, uniformar y deformar, que momentáneamente convirtió en una
especie de “país del mal”, precisamente a las culturas a quienes más debe la
humanidad un avance en el mundo moderno: las de La Federación Rusa. En el
conflicto de Ucrania se ha impuesto la idea de que se trata de una “guerra
imperialista” que los rusos han desencadenado súbitamente por perversidad de
dominar, anexar y explotar. Sin embargo, y poco a poco (incluso en ciertos
medios de comunicación occidentales donde queda un resto de honestidad) está
surgiendo gradualmente la verdad de esos hechos. La celebración del 9 de mayo
pasado, de un aniversario más del triunfo sobre el nazismo en la Segunda Guerra
Mundial, debido sin duda, al heroísmo y la eficacia del Ejército Rojo y, en
general, a la admirable valentía y organización del pueblo ruso, gracias a la
disciplina y la mística política del socialismo stalinista, han complicado aún
más las contradicciones de la propaganda occidental contra Rusia. Es lamentable
el espectáculo de mesas redondas en la Deutsche Welle, por ejemplo, en las que
los participantes no tienen más remedio que aceptar el papel decisivo que el
pueblo y el ejército ruso tuvieron en ese triunfo que cambio la dirección de la
historia pero siempre tratando de roer, disminuir o desvalorizar ese mérito con
la cantinela de la “guerra de Ucrania”. No obstante, dejaron ver fragmentos del
grandioso desfile de La Plaza Roja de Moscú y permitieron que Putin explicara,
una vez más, y con su discreción y serenidad acostumbradas, que no se trata de
una “guerra” contra Ucrania sino de una operación especial del ejército rojo
que era inaplazable para acabar con las masacres traidoras de grupos fascistas
ucranianos como venganza por la adhesión mayoritaria a la Federación Rusa, por
parte de la población del Donbass y de Crimea y con el fin de hacer retroceder
la peligrosa presión de la OTAN en las fronteras. En otro texto de este blog se
encuentra el relato macabro de los comunistas que quemaron vivos los grupos
nacionalistas de Ucrania.
¿Por qué los satélites europeos y latinoamericanos de
Estados Unidos (y la oposición democrática de esta nación) no realizaron
campañas mundiales de protesta contra, por ejemplo, la terrible guerra
imperialista de Vietnam, la dictadura de Pinochet y de una docena de totalitarismos
instaurados todos para mantener la dominación del neocolonialismo
norteamericano? Durante décadas se ha mantenido esa situación y los daños
causados a países como Cuba, Chile, España, Brasil, Colombia, Venezuela,
Nicaragua, Vietnam del norte, China, etc. (y en última instancia el retroceso
impuesto al mundo entero) son incalculables y han causado millones de muertes,
de manera que no pueden ser comparados con el conflicto de Ucrania. Sin
embargo, la mezquindad de los medios de comunicación occidentales es tal que
han intentado hacer un paralelo de la Segunda Guerra Mundial (que causó cerca
de 60 millones de muertos, de los cuales la mitad fueron rusos) con una labor
de limpieza y de defensa elementales frente a secuelas del nazismo en Ucrania y
a presiones inaceptables de la OTAN.
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