miércoles, 10 de agosto de 2022

TESTIMONIO SOBRE LA POSESIÓN DE PETRO

Por Ruben Dario Florez

La fiesta de Colombia de este 7 de agosto. Había circunspectos señores de corbata y zapatos de charol, había chicas con tatuajes de flores en los hombros de sirenas empoderadas, había silleteros con orquídeas misteriosas y anturios escarlatas de pueblos remotos, había radicales vestidos de domingo, había editores de tipografías bogotanas indomables desde el 20 de julio, había soldados de los llanos como los llaneros de Rondón, había exquisitas damas que hablan en  francés de elegancias colombianas, había ñeros de gran agudeza para responder como se merecen los pirobos si hablan mal del Presidente entrante, había empresarios de verdad que sí arriesgan su capital, ví una monjita que repasaba su rosario y estaba feliz rezando por  el cambio, había ex-guerrilleros curtidos que firmaron la paz, había madres de hijos desaparecidos, tenían una carta pidiendo justicia sobre los falsos positivos, había un profesor de un pueblo de la selva del Vaupés con una edición en la mano del libro de Gaitán " La masacre de las bananeras", había un jugador de polo con la piel dorada de Boyacá en los campos, que miraba con sorna; ví un indígena con nimbo de nieves míticas de la sierra junto al mar  y ví a un cantante de canciones del despecho vestido con camisa de flecos,  crucifijo y sombrero de charro mexicano que aplaudía cuando el electo mandatario hablaba de " la segunda oportunidad para la tierra de la estirpe colombiana". Y del palacio vi salir a una comparsa ex- presidencial lúgubre vestida de fúnebre negro. Y la luz de agosto barrió las últimas tinieblas. En la plaza la música era de fiesta. La verdad puede brotar del pueblo. Y sea así, sin olvidar a Dostoievskii.


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