Por Eduardo Gómez
El hombre natural en Nietzsche es quizás el más profundamente concebido y el más actual. Es un hombre que asume sus instintos como la más preciosa reserva de energía pero que sabe que sus instintos deben ser “divinizados” (o sublimados, para traducirlo al lenguaje freudiano) con el fin de que sean productivos. Es un hombre que confía plenamente en su saber inconsciente y que por tanto afirma: “Sólo se puede enseñar al que ya sabe”. Es decir, estamos capacitados para realizar solamente lo que ya existe potencialmente como conflicto en nuestro inconsciente, a la manera de como en fotografía se revela el negativo. Es un hombre a-moral (en relación con la moral cristiana imperante) que cuestiona los valores establecidos y los supera mediante una ética acorde con su naturaleza humana y con la Naturaleza. Es un luchador que sabe que la vida es confrontación y “voluntad de poderío”, y que es necesario superar al hombre alienado actual, por lo cual se propone como misión de toda una vida, “servir de puente entre el hombre y el superhombre”, es decir, considera como su máxima misión poner su existencia al servicio de una humanidad que confié en sus propias fuerzas y las acreciente, sin poner sus esperanzas en una ilusa divinidad porque sabe que “Dios ha muerto”. Ese hombre natural nietszchano es, pues, un “elegido” que reclama la más alta jerarquía humana y la reivindica contra el masoquismo y la abyección cristianos que exaltan las derrotas, la pobreza y la castración, todo lo cual es sarcásticamente rechazado por Nietzsche, hasta el punto de exclamar: “el santo es el castrado ideal”. A propósito de estas expresiones, de la exaltación de los sueños y del inconsciente (que Nietzsche denomina como el “sí-mismo”) varios pensadores modernos y psicoanalistas freudianos, lo consideran como precursor del psicoanálisis. Este hombre natural es el que refunda y actualiza el extraordinario legado de las culturas griega y romana, a las cuales Nietzsche considera como las más avanzadas del legado clásico y respecto a las cuales el cristianismo significo un retroceso. El cristianismo dividió al hombre por dentro con el nefasto dualismo de cuerpo y alma y lo puso en función de un Más-Allá imaginario y esquizoide; por tanto, Nietzsche afirma que “el bueno” consagrado por el cristianismo es el peor porque degrada la especie humana al exaltar sus derrotas y carencia y porque vive con base en la mentira y el engaño...
Como se ve en lo transcrito (y faltan muchos
aspectos de la filosofía nietzschana) no hay contradicciones fundamentales en
algunos aspectos básicos de esa filosofía y la marxista, si sabemos interpretarlas.
Un ejemplo es el del superhombre que trasciende la alienación del hombre actual
y por el cual vale la pena luchar como misión central de toda una vida. En Marx
encontramos algo similar cuando habla de que es preciso superar “el reino de la
necesidad por el reino de la libertad” y pasar del hombre alienado en la
fetichización del dinero y las cosas al hombre humanizado en la solidaridad
universal y en la vinculación con la Naturaleza.
No obstante , hay varios e importantes tópicos de la filosofía nietzscheana que resultan opuestos a Marx como la concepción
elitista de la sociedad y de la historia , de Nietzsche, la cual afirma que la historia se hace de
“cumbre a cumbre”, es decir impulsada por “el hombre superior” y cuando
ataca al socialismo (sin especificar de
cuál socialismo se trata) aunque esos ataques fugaces y generales van
sin duda contra el socialismo utópico que fue el único que Nietzsche
conoció (Prudhome, Fourier pero no Marx).
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