Enrique
Alfonso Rico Cifuentes –noviembre 2021
El
economista y académico británico Nicholas Stern (nacido en 1946) expresó: “El
cambio climático representa el mayor fracaso del mercado de todos los tiempos,
y el de alcance más amplio”.[1]
La
destrucción ambiental es consecuencia de una CRISIS DE LA CIVILIZACIÓN
INDUSTRIAL Y CAPITALISTA, sin precedentes, de la humanidad y, en concreto, del
sistema socioeconómico que pone por encima las crecientes y excesivas ganancias
económicas frente a la conservación de la vida en el planeta y al bienestar
general de la especie humana.
Además,
refleja la falsa creencia de muchos años que plantea que el ser humano es el
SER SUPERIOR de la Naturaleza y que ésta se encuentra a su servicio para
explotarla ilimitadamente. De esta forma, no se ha considerado parte de Ella,
sino que la ha convertido, como a todos los seres que la componen, en
MERCANCÍAS para la satisfacción de sus necesidades básicas, y para el
enriquecimiento de unos pocos. Son repudiables el tráfico de animales
silvestres, el matar elefantes para extraerles sus colmillos, el cortar las
aletas de los tiburones para satisfacer gustos gastronómicos de los llamados
“seres humanos”, y otras actividades non sanctas.
El
ecólogo y ambientalista colombiano Álvaro Sánchez lanzó una voz de alerta: “Si los insectos desaparecieran de la
Tierra, la especie humana se exterminaría en menos de 50 años. Si el ser humano
dejara de existir en este planeta, la Tierra volvería a su estado original
antes del hombre. Por lo tanto, el ser humano es el destructor de la
Naturaleza”.[2]
A lo
anterior se suma la ENORME CORRUPCIÓN en el manejo de los asuntos públicos y
aún de muchas empresas privadas (sobre todo, las grandes empresas), que desvían
numerosos recursos a los bolsillos de unos pocos, sumiendo en la pobreza a
varios sectores de la población. LA POBREZA GENERALIZADA, además de ser un gran
problema económico-social, también se ha convertido en un problema ambiental,
pues mucha gente, sumida en esa terrible situación, recurren a formas de
explotación muy contaminantes para lograr sobrevivir: pequeña minería ilegal,
deforestación, cultivos ilícitos, entre otras actividades.
La
humanidad comenzó a tener algo de CONCIENCIA AMBIENTAL, a partir de la Primera Cumbre Mundial de la Tierra (1992, Río de Janeiro). Después ha realizado varias
cumbres mundiales ambientales para acordar tímidamente la reducción del envío a
la atmósfera de gases de efecto invernadero. La última fue la de París (2015),
que busca no permitir subir el clima global en más de 2 grados en las próximas
décadas, pues traería efectos devastadores e irreversibles al medio ambiente.
Pero, en la práctica cotidiana, es poco lo que se hace al respecto, porque
siguen primando las ganancias económicas de grandes empresas y de sus gobiernos,
sobre el bienestar planetario.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio
Climático –IPCC- emitió, el 06 de agosto 2021, un informe
basado en los estudios de 234 académicos de 66 países, que revisaron alrededor
de 14 mil publicaciones científicas recientes sobre el tema. En dicho informe
se concluye, entre otras cosas: Primero.
Las emisiones de gases de efecto invernadero son los principales responsables
de un calentamiento global de 1.1 grados C, desde fines del siglo XIX, y se
prevé que durante la próxima década superará los 1.5 grados C, lo cual resulta
catastrófico. Segundo. Este fenómeno
está causando el deshielo de los polos con la consecuente elevación del nivel
del mar, que inundará numerosas islas y ciudades portuarias. Se prevé que, de
continuar dicha situación, a finales de siglo la temperatura habrá aumentado 4
grados, con grave peligro para la existencia de la misma vida en la Tierra.
Del 31 de octubre al 12 de noviembre de 2021 se llevó a
cabo la Cumbre Ambiental de las naciones Unidas, llamada COP 26, en Glasgow
(Escocia), donde se han planteado algunos acuerdos, que
es de esperar que realmente se cumplan: Eliminar la producción carbonífera
antes del 2050 y la deforestación antes del 2030. Disminuir paulatinamente la
producción de combustibles fósiles por el uso de energías limpias (solar,
eólica, etc.). Es necesario indagar más sobre tales acuerdos.
No se
trata de no utilizar la Naturaleza para la sobrevivencia humana, lo cual
resultaría imposible, sino de servirse de ella racionalmente, permitiendo su
conservación, el respeto a sus ciclos naturales y vitales, a los cuales debe
integrarse el hombre. Ello implica CAMBIAR RADICALMENTE su estilo de vida, lo
que significa:
-Abandonar la cultura del consumismo,
del vivir “a la moda”, de llenarse de objetos y cosas innecesarios para llevar
una vida sana.
-Practicar el reciclaje. Reutilizar
las cosas, reducir el consumo no necesario, ahorrar el consumo de agua, energía
y combustibles. Abandonar, en lo posible, el empleo de plásticos y, con mayor
razón, los de un solo uso.
-Proponer, o presionar, a los gobiernos el
cambio progresivo de la utilización de combustibles fósiles (petróleo, carbón,
gas) por la implementación de energías alternativas limpias, que son
técnica y económicamente posibles: solar, eólica, geotérmica, la energía
nuclear bien y cuidadosamente utilizada, y otras. Además, que se prohíba
definitivamente la práctica del fracking
para la extracción de petróleo o gas. Lo
mismo, el reemplazo pronto de toda clase de automotores con combustibles por
los de energía eléctrica o solar. O, elegir gobiernos que tengan en sus programas
efectivos tales medidas y las que se mencionan a continuación:
-Implementación
de una AGRICULTURA BIOLÓGICA, que
utilice insumos orgánicos, abandonando los agroquímicos, que dañan la tierra y
al organismo humano. Lo mismo, reemplazar las grandes plantaciones de palma
africana por la producción de alimentos de consumo masivo. No permitir el uso
de semillas transgénicas (que son para el beneficio exclusivo de grandes
transnacionales de alimentos y de comercialización de semillas) y volver a la
utilización de la semilla tradicional y orgánica campesina.
-Rechazo a la deforestación irracional
sin planes alternativos de reforestación.
-Fomento
de CIUDADES VERDES, controlando la
anárquica construcción de vivienda en las ciudades, que sólo buscan enriquecer
a grandes constructores sin sentido social, quienes, muchas veces, no respetan
ni los humedales, que son sistemas ecológicos que deben conservarse. Ello
implica fomentar parques urbanos ecológicos con especies nativas y lugares
sanos para la recreación de sus habitantes. No a las canchas deportivas
sintéticas. Sí a la reforestación urbana en gran escala. Menos cemento y más
naturaleza en las ciudades humanizadas.
-Fuerte combate a la corrupción en todos los
organismos estatales y privados, a la competencia obsesiva en todos los
terrenos, al “sálvese quien pueda”,
y fomentar una cultura de la cooperación, la solidaridad, la equidad y el
respeto mutuo. Esto es fundamental para el bienestar general de la humanidad
y, por lo tanto, del planeta.
-Promover una constante educación ambiental,
desde la temprana edad y hasta los niveles de educación superior. Educación que
hay que hacer extensiva a las comunidades en general, a los diversos sectores
poblacionales. Es necesario insistir que éste es el único planeta que tenemos
para vivir, y si acabamos con la vida en él, la humanidad perecerá también como
especie.
RESPECTO
A COLOMBIA
Además
de las propuestas anteriores, varios analistas colombianos plantean algunas
ideas:
-Redirigir
la producción ganadera, impulsando “la
ganadería sostenible, rentable y competitiva, vía sistemas silvopastoriles intensivos”[3],
que utilizarían muchas menos hectáreas de tierra y donde pueden sembrarse
árboles maderables nativos, arbustos forrajeros y matas de leguminosas
rastreras.
-Transformar
a la Empresa Colombiana de Petróleos (Ecopetrol) en una empresa de energía
limpia, que incluya “la generación,
transporte y distribución de electricidad”, como lo plantea el columnista
Mauricio Botero[4].
Es decir, abandonar la producción de hidrocarburos, como lo hizo la empresa
estatal danesa Danish Oil and Natural Gas (DONG), en 2009, que cambió su nombre
por ORSTED, empresa con energía verde.
[1] Citado en: Muy Interesante, México, diciembre 2018, p. 29.
[2] ÁLVARO SÁNCHEZ, en: Programa Líderes, RCN Radio (Colombia), 08 de julio de
2016, 8.30 p.m. Esto ya lo habían dicho antes el médico y virólogo
estadounidense JONAS SALK y otros biólogos contemporáneos (Ver: Muy Interesante, México, mayo 2019, p.
28).
[3] MORENO, Carlos Enrique. “El Acuerdo de París”. El Espectador, 7 febrero 2021.
[4] BOTERO CAICEDO. Mauricio.
“Electrificarse o desaparecer”. El
Espectador, 7 febrero 2021.
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