miércoles, 12 de enero de 2022

EL PROBLEMA AMBIENTAL Y EL PELIGRO DE AUTODESTRUCCIÓN DE LA HUMANIDAD

 


Enrique Alfonso Rico Cifuentes –noviembre 2021

 

El economista y académico británico Nicholas Stern (nacido en 1946) expresó: “El cambio climático representa el mayor fracaso del mercado de todos los tiempos, y el de alcance más amplio”.[1]

La destrucción ambiental es consecuencia de una CRISIS DE LA CIVILIZACIÓN INDUSTRIAL Y CAPITALISTA, sin precedentes, de la humanidad y, en concreto, del sistema socioeconómico que pone por encima las crecientes y excesivas ganancias económicas frente a la conservación de la vida en el planeta y al bienestar general de la especie humana.

Además, refleja la falsa creencia de muchos años que plantea que el ser humano es el SER SUPERIOR de la Naturaleza y que ésta se encuentra a su servicio para explotarla ilimitadamente. De esta forma, no se ha considerado parte de Ella, sino que la ha convertido, como a todos los seres que la componen, en MERCANCÍAS para la satisfacción de sus necesidades básicas, y para el enriquecimiento de unos pocos. Son repudiables el tráfico de animales silvestres, el matar elefantes para extraerles sus colmillos, el cortar las aletas de los tiburones para satisfacer gustos gastronómicos de los llamados “seres humanos”, y otras actividades non sanctas.

El ecólogo y ambientalista colombiano Álvaro Sánchez lanzó una voz de alerta: “Si los insectos desaparecieran de la Tierra, la especie humana se exterminaría en menos de 50 años. Si el ser humano dejara de existir en este planeta, la Tierra volvería a su estado original antes del hombre. Por lo tanto, el ser humano es el destructor de la Naturaleza”.[2]

A lo anterior se suma la ENORME CORRUPCIÓN en el manejo de los asuntos públicos y aún de muchas empresas privadas (sobre todo, las grandes empresas), que desvían numerosos recursos a los bolsillos de unos pocos, sumiendo en la pobreza a varios sectores de la población. LA POBREZA GENERALIZADA, además de ser un gran problema económico-social, también se ha convertido en un problema ambiental, pues mucha gente, sumida en esa terrible situación, recurren a formas de explotación muy contaminantes para lograr sobrevivir: pequeña minería ilegal, deforestación, cultivos ilícitos, entre otras actividades.  

La humanidad comenzó a tener algo de CONCIENCIA AMBIENTAL, a partir de la Primera Cumbre Mundial de la Tierra (1992, Río de Janeiro). Después ha realizado varias cumbres mundiales ambientales para acordar tímidamente la reducción del envío a la atmósfera de gases de efecto invernadero. La última fue la de París (2015), que busca no permitir subir el clima global en más de 2 grados en las próximas décadas, pues traería efectos devastadores e irreversibles al medio ambiente. Pero, en la práctica cotidiana, es poco lo que se hace al respecto, porque siguen primando las ganancias económicas de grandes empresas y de sus gobiernos, sobre el bienestar planetario.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático –IPCC- emitió, el 06 de agosto 2021, un informe basado en los estudios de 234 académicos de 66 países, que revisaron alrededor de 14 mil publicaciones científicas recientes sobre el tema. En dicho informe se concluye, entre otras cosas: Primero. Las emisiones de gases de efecto invernadero son los principales responsables de un calentamiento global de 1.1 grados C, desde fines del siglo XIX, y se prevé que durante la próxima década superará los 1.5 grados C, lo cual resulta catastrófico. Segundo. Este fenómeno está causando el deshielo de los polos con la consecuente elevación del nivel del mar, que inundará numerosas islas y ciudades portuarias. Se prevé que, de continuar dicha situación, a finales de siglo la temperatura habrá aumentado 4 grados, con grave peligro para la existencia de la misma vida en la Tierra.

Del 31 de octubre al 12 de noviembre de 2021 se llevó a cabo la Cumbre Ambiental de las naciones Unidas, llamada COP 26, en Glasgow (Escocia), donde se han planteado algunos acuerdos, que es de esperar que realmente se cumplan: Eliminar la producción carbonífera antes del 2050 y la deforestación antes del 2030. Disminuir paulatinamente la producción de combustibles fósiles por el uso de energías limpias (solar, eólica, etc.). Es necesario indagar más sobre tales acuerdos.

No se trata de no utilizar la Naturaleza para la sobrevivencia humana, lo cual resultaría imposible, sino de servirse de ella racionalmente, permitiendo su conservación, el respeto a sus ciclos naturales y vitales, a los cuales debe integrarse el hombre. Ello implica CAMBIAR RADICALMENTE su estilo de vida, lo que significa:

-Abandonar la cultura del consumismo, del vivir “a la moda”, de llenarse de objetos y cosas innecesarios para llevar una vida sana.

-Practicar el reciclaje. Reutilizar las cosas, reducir el consumo no necesario, ahorrar el consumo de agua, energía y combustibles. Abandonar, en lo posible, el empleo de plásticos y, con mayor razón, los de un solo uso.

-Proponer, o presionar, a los gobiernos el cambio progresivo de la utilización de combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas) por la implementación de energías alternativas limpias, que son técnica y económicamente posibles: solar, eólica, geotérmica, la energía nuclear bien y cuidadosamente utilizada, y otras. Además, que se prohíba definitivamente la práctica del fracking para la extracción de petróleo o gas. Lo mismo, el reemplazo pronto de toda clase de automotores con combustibles por los de energía eléctrica o solar. O, elegir gobiernos que tengan en sus programas efectivos tales medidas y las que se mencionan a continuación:

-Implementación de una AGRICULTURA BIOLÓGICA, que utilice insumos orgánicos, abandonando los agroquímicos, que dañan la tierra y al organismo humano. Lo mismo, reemplazar las grandes plantaciones de palma africana por la producción de alimentos de consumo masivo. No permitir el uso de semillas transgénicas (que son para el beneficio exclusivo de grandes transnacionales de alimentos y de comercialización de semillas) y volver a la utilización de la semilla tradicional y orgánica campesina.

-Rechazo a la deforestación irracional sin planes alternativos de reforestación.   

-Fomento de CIUDADES VERDES, controlando la anárquica construcción de vivienda en las ciudades, que sólo buscan enriquecer a grandes constructores sin sentido social, quienes, muchas veces, no respetan ni los humedales, que son sistemas ecológicos que deben conservarse. Ello implica fomentar parques urbanos ecológicos con especies nativas y lugares sanos para la recreación de sus habitantes. No a las canchas deportivas sintéticas. Sí a la reforestación urbana en gran escala. Menos cemento y más naturaleza en las ciudades humanizadas.

-Fuerte combate a la corrupción en todos los organismos estatales y privados, a la competencia obsesiva en todos los terrenos, al “sálvese quien pueda”, y fomentar una cultura de la cooperación, la solidaridad, la equidad y el respeto mutuo. Esto es fundamental para el bienestar general de la humanidad y, por lo tanto, del planeta.

-Promover una constante educación ambiental, desde la temprana edad y hasta los niveles de educación superior. Educación que hay que hacer extensiva a las comunidades en general, a los diversos sectores poblacionales. Es necesario insistir que éste es el único planeta que tenemos para vivir, y si acabamos con la vida en él, la humanidad perecerá también como especie.

RESPECTO A COLOMBIA

Además de las propuestas anteriores, varios analistas colombianos plantean algunas ideas:

-Redirigir la producción ganadera, impulsando “la ganadería sostenible, rentable y competitiva, vía sistemas silvopastoriles intensivos[3], que utilizarían muchas menos hectáreas de tierra y donde pueden sembrarse árboles maderables nativos, arbustos forrajeros y matas de leguminosas rastreras.

-Transformar a la Empresa Colombiana de Petróleos (Ecopetrol) en una empresa de energía limpia, que incluya “la generación, transporte y distribución de electricidad”, como lo plantea el columnista Mauricio Botero[4]. Es decir, abandonar la producción de hidrocarburos, como lo hizo la empresa estatal danesa Danish Oil and Natural Gas (DONG), en 2009, que cambió su nombre por ORSTED, empresa con energía verde.



[1] Citado en: Muy Interesante, México, diciembre 2018, p. 29.

[2] ÁLVARO SÁNCHEZ, en: Programa Líderes, RCN Radio (Colombia), 08 de julio de 2016, 8.30 p.m. Esto ya lo habían dicho antes el médico y virólogo estadounidense JONAS SALK y otros biólogos contemporáneos (Ver: Muy Interesante, México, mayo 2019, p. 28).

[3] MORENO, Carlos Enrique.  “El Acuerdo de París”. El Espectador, 7 febrero 2021.

[4] BOTERO CAICEDO. Mauricio. “Electrificarse o desaparecer”. El Espectador, 7 febrero 2021.

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