Por Leonel Rebellón
Es necesario conocer algunos datos básicos, al menos,
para poder juzgar con equidad el conflicto actual entre Ucrania y Rusia; Saber,
por ejemplo, que Ucrania pertenece a Rusia desde 1654 por medio del “Tratado
de protección a la Russ de Kiev” por parte del principado de Moscovia, y que,
por tanto, sus gentes, cultura y tradiciones forman parte constitutiva del gran
pueblo ruso. También Crimea fue otro territorio que desde 1783 se integró básicamente
al imperio ruso, debido a la derrota del imperio otomano bajo el mandato de Catalina
La Grande. No es de extrañar entonces, que Crimea haya retornado a sus orígenes,
después de haber estado unida a Ucrania desde 1954, en el gobierno Nikita
Kruschev. El retorno a Rusia fue el resultado de un plebiscito en el 2014, en
el que el 90% de la población estuvo por la reintegración a la Federación Rusa.
En cuanto al problema actual de Ucrania, este comienza
cuando en el 2014 el presidente Viktor Yanukóvich (auténtico demócrata y amigo
de la política de Putin) es derrocado por un golpe de estado fascista auspiciado
por Estados Unidos y la Unión Europea, que comienza el asedio de la OTAN en las
fronteras con la Federación Rusa. No obstante, la población del Donbass (una de
las más industrializadas de Europa) resuelve adherirse progresivamente a la Federación Rusa, primero con dos ciudades: Luhansk y Donestsk, y luego con el resto, de
modo que actualmente vuelve a pertenecer a la Rusia que gobierna
Putin con mano maestra, encauzándola a una socialización paulatina. Y aquí encontramos
la verdadera razón por la cual el capitalismo occidental quiere obstruir a la Federación
Rusa en su desarrollo como potencia mundial verdaderamente democrática. Las potencias
occidentales, se debaten en una grave crisis del sistema capitalista, al
parecer irreversible, y tratan desesperadamente de desviar la atención del
mundo y de aplazar su degradación, mediante provocaciones e injerencias de la
OTAN, en la política de Rusia y China. Esta llave poderosa de las dos potencias más demócratas del mundo es incontenible porque no
solamente favorece a los pueblos explotados y marginales, sino que está desplazando
al degradado capitalismo europeo, que comanda Estados Unidos. Hace ya mucho
tiempo que el sistema capitalista mundial muestra cierta vocación fascista,
explícita en el fomento de gobiernos retrógrados y oponiéndose (a veces con
guerras terribles como la de Vietnam, que duro más de 20 años y terminó con la
derrota del neocolonialismo de Francia y Estados Unidos) mediante bloqueos perversos al desarrollo de Cuba, durante ya 63 años, o como los de la Venezuela de Chávez, Corea del
Norte, Irak e Irán, o guerras locales y permanentes como las de Medio Oriente
(que destruyen precisamente a los países que quieren liberarse como Siria, Líbano
e Irak). No podemos olvidar que, después de los grandes avances que aportó el
capitalismo inicialmente, luego de la revolución francesa, terminando con el
predominio del feudalismo y con el liderazgo de la burguesía europea, el
sistema instauró nuevas modalidades de explotación del trabajo productivo y
terminó congelándose en plutocracias que renovaron otros géneros de esclavitud,
engendraron sistemas como el nazismo y provocaron sucesivas guerras, que no cesan
hasta nuestros días. Pero está llegando la hora del colapso de los
imperialismos que instauró el capital y el conflicto en Ucrania es uno de los últimos
y de los más decisivos.
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