(Fragmentos del ensayo "Los globalistas han fomentado la guerra en Ucrania para establecer la tiranía del Nuevo Orden Mundial” por el arzobispo Vigano, brillante heredero del Movimiento Teología de la Liberación, y crítico muy severo, incluso del papa Francisco).
Un país que pide ayuda humanitaria a la comunidad internacional para defender a su población de la agresión rusa debería, en el imaginario colectivo, destacar por el respeto a los principios democráticos y por una legislación que prohíba las actividades y la difusión de propaganda de las ideologías extremistas.
Los movimientos neonazis que realizan acciones militares y paramilitares operan libremente en Ucrania, a menudo con el apoyo oficial de las instituciones públicas. Entre ellos se encuentran los siguientes: la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) de Stepan Bandera, un movimiento de matriz nazi, antisemita y racista ya activo en Chechenia y que forma parte del Right Sector, una asociación de movimientos de extrema derecha formada en el momento del golpe de Estado de Euromaidan en 2013/2014; el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA); la UNA/UNSO, ala paramilitar del partido político de extrema derecha Asamblea Nacional de Ucrania; la Hermandad Korchinsky, que ofrecía protección en Kiev a los miembros del ISIS; Misanthropic Vision (MD), una red neonazi extendida por 19 países que incita públicamente al terrorismo, al extremismo y al odio contra cristianos, musulmanes, judíos, comunistas, homosexuales, estadounidenses y personas de color.
Hay que recordar que el gobierno ha prestado un apoyo explícito a estas organizaciones extremistas, tanto enviando la guardia presidencial a los funerales de sus representantes, como apoyando al Batallón Azov, una organización paramilitar que forma parte oficialmente del ejército ucraniano bajo el nuevo nombre de Regimiento de Operaciones Especiales Azov y organizado en la Guardia Nacional. El Regimiento Azov está financiado por el oligarca judío ucraniano Igor Kolomoisky, antiguo gobernador de Dnepropetrovsk, que también se cree que es el financiador de las milicias nacionalistas de Pravyi Sektor, consideradas responsables de la masacre de Odessa. Se trata del mismo Kolomoisky mencionado en los papeles de Pandora como patrocinador del presidente Zelenskyy. El batallón tiene relaciones con varias organizaciones de extrema derecha de Europa y Estados Unidos.
Amnistía Internacional, tras una reunión celebrada el 8 de septiembre de 2014 entre el secretario general Salil Shetty y el primer ministro Arseniy Yatsenyuk, pidió al gobierno ucraniano que pusiera fin a los abusos y crímenes de guerra cometidos por los batallones de voluntarios que operan junto a las Fuerzas Armadas de Kiev. El gobierno ucraniano ha abierto una investigación oficial sobre el asunto, declarando que ningún oficial o soldado del Batallón Azov parece estar siendo investigado.
En marzo de 2015, el ministro del Interior ucraniano, Arsen Avakov, anunció que el Batallón Azov sería una de las primeras unidades en ser entrenadas por las tropas del ejército estadounidense, como parte de su misión de entrenamiento de la Operación Guardia Intrépida. El entrenamiento estadounidense se interrumpió el 12 de junio de 2015, cuando la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una enmienda que prohibía toda ayuda (incluidas las armas y el entrenamiento) al batallón debido a su pasado neonazi. La enmienda fue posteriormente revocada por presiones de la CIA y los soldados del Batallón Azov fueron entrenados en Estados Unidos: «Llevamos ocho años entrenando a estos chicos. Son muy buenos combatientes. Ahí es donde el programa de la Agencia podría tener un impacto serio».
En 2016, un informe de la OSCE [Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa] concluyó que el Batallón Azov era responsable del asesinato masivo de prisioneros, la ocultación de cadáveres en fosas comunes y el uso sistemático de técnicas de tortura física y psicológica. Hace tan solo unos días, el subcomandante del Batallón, Vadim Troyan, fue nombrado Jefe de Policía de la Región Oblast por el ministro del Interior, Arsen Avakov.
Estos son los «héroes» que luchan junto al ejército ucraniano contra los soldados rusos. Y estos héroes del Batallón Azov, en lugar de proteger a sus hijos, se atreven a hacer carne de matanza, alistando a niños y niñas, violando el Protocolo Facultativo de la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, relativo a la participación de menores en conflictos armados: un instrumento jurídico ad hoc que establece que ningún niño menor de 18 años debe ser reclutado por la fuerza ni utilizado directamente en hostilidades, ni por las fuerzas armadas de un Estado ni por grupos armados.
Inevitablemente, las armas letales proporcionadas por la UE, incluida la Italia de Draghi, con el apoyo de los partidos políticos «antifascistas», están destinadas a ser utilizadas contra estos niños.
La guerra ucraniana en los planes del NOM
La censura que se está imponiendo a las emisoras rusas está claramente dirigida a impedir que la narrativa oficial sea desmentida por los hechos. Pero mientras los medios de comunicación occidentales muestran imágenes del videojuego War Thunder, fotogramas de la película La Guerra de las Galaxias, explosiones en China, vídeos de desfiles militares, imágenes de Afganistán, del metro de Roma o imágenes de crematorios móviles haciéndolas pasar por escenas reales y recientes de la guerra en Ucrania, la realidad se ignora porque ya se ha decidido provocar un conflicto como arma de distracción masiva que legitime nuevas restricciones de las libertades en las naciones occidentales, según los planes del Gran Reseteo del Foro Económico Mundial y la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.
Es evidente que el pueblo ucraniano, más allá de las cuestiones que pueda resolver la diplomacia, es víctima del mismo golpe de estado global que están llevando a cabo las potencias supranacionales que pretenden, no la paz entre las naciones, sino el establecimiento de la tiranía del Nuevo Orden Mundial. Hace apenas unos días, la parlamentaria ucraniana Kira Rudik declaró a Fox News, mientras sostenía un kalashnikov: «Sabemos que no solo luchamos por Ucrania, sino también por el Nuevo Orden Mundial».
Las
violaciones de los derechos humanos en Ucrania y los crímenes de las milicias
neonazis denunciados reiteradamente por Putin no pudieron encontrar una
solución política porque fueron planificados y fomentados por la élite
globalista, con la colaboración de la Unión Europea, la OTAN y el deep state
estadounidense, con un tono antirruso destinado a hacer inevitable una guerra
cuyo objetivo es imponer, principalmente en Europa, la adopción forzosa del
racionamiento energético, las restricciones a los viajes, la sustitución del
papel moneda por el dinero electrónico y la adopción del DNI digital. No
estamos hablando de proyectos teóricos. Se trata de decisiones que están a
punto de tomarse concretamente tanto a nivel europeo como en cada país.
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