lunes, 23 de mayo de 2022

LA VERDAD SOBRE PUTIN

 Por Eduardo Gómez

Si hay un líder mundial cuya compleja política sea difícil de interpretar, es Vladimir Putin. Incluso amigos importantes de la Rusia actual están desconcertados como es el caso de Ancizar Narvaez, articulista en el último número del semanario Voz, órgano del partido comunista, del 18 de mayo de 2022. Tratando de definir a Putin Narvaez escribe: “Hay que separar la política interna de Rusia de su seguridad estratégica. Putin es, en efecto, un político de derecha, autoritario, antidemocrático en el sentido liberal, nacionalista, etnocentrista, como los europeos; es una especie de Trump a la rusa.” (en el artículo, “77 años después, el problema es la OTAN”, pág. 15)

El columnista tomó, pues, al pie de la letra las apariencias de una política que asume deliberadamente una serie de contradicciones pero de carácter dialéctico, es decir no excluyentes sino complementarias y complejas. Después de la caída de la Unión Soviética, Putin y su equipo aprendieron la dolorosa lección histórica, en el sentido de que el proceso de afianzamiento de la revolución bolchevique tenía que retomar sus inicios como poder triunfante pero de manera progresiva, a diferencia de la manera abrupta y súbita que, dando grandes saltos, tuvo que asumir el proceso histórico al comienzo de la revolución, debido a la inminente amenaza de la Alemania nazi, la cual en cualquier momento podía destruir la revolución dada su formidable potencia bélica. De ahí la necesidad que tuvo Stalin de pactar con Hitler para ganar un año en la preparación militar de la U.R.S.S. y en la consolidación de su economía básica. Este pacto era tanto más necesario si tenemos en cuenta que los llamados aliados occidentales de Stalin (Churchill y Roosevelt) no eran de fiar, puesto que abandonaron durante tres años de la Segunda Guerra Mundial, a los soviéticos, negándose a abrir un segundo frente en Europa a pesar de los reclamos de Stalin. Evidentemente, la intención tácita de esa actitud era la de propiciar la derrota de la U.R.S.S. y su revolución. Solo cuando se dieron cuenta de que la Alemania nazi estaba siendo derrotada, adoptaron una posición definida de alianza con la U.R.S.S., y ya cuando faltaba solo un año para la terminación de la guerra.

Vladimir Putin se formó políticamente en la KGB y dentro del partido comunista leninista y stalinista; pero se dio cuenta que la caída de la U.R.S.S. estaba determinada de lejos por la necesidad que tuvo de quemar etapas históricas en pro del desarrollo bélico y de ganar la guerra. Esto ya no era necesario en la post guerra y mucho menos después de la caída del gobierno de la U.R.S.S., debido a la inmadurez y corrupción parcial del proceso histórico. Había que volver a Marx, el cual consideraba que el desarrollo capitalista era una condición importante para hacer la revolución, de modo que el filósofo alemán esperaba que fueran países como Alemania, Francia o Inglaterra los que harían la revolución inicialmente en el mundo. Aunque ese punto de vista no se ha realizado históricamente, es evidente que las revoluciones en los países subdesarrollados como China, Cuba, Venezuela, Vietnam y otros similares, han sido particularmente sangrientas y de larga duración y múltiples peligros, debido al subdesarrollo y a que, por tanto, pueden ser fácilmente chantajeados o atacados. En cambio, un proceso que cumpla etapas de desarrollo y que acumule suficiente riqueza, asegura el triunfo progresivo de la revolución sin tanta violencia y sin tanto drama. En consecuencia, Putin ha fomentado el desarrollo capitalista (en sus aspectos más racionales y necesarios) en el proceso ruso, lo cual ha engañado no solo a los enemigos sino a ciertos amigos (como es el caso del columnista de Voz). Ese doble juego es evidente si consideramos las tendencias de la política internacional de Putin que ha ayudado precisamente a los pequeños países que desarrollan una revolución hacia el socialismo como Cuba, Vietnam, Venezuela, Corea del Norte, Irán, Siria y, claro está, la China Maoísta. Internamente en Rusia también es visible un proceso de cambios radicales a largo plazo pero que se dan con serenidad y tiempos suficientes. Ese proceso, además, esta apoyado por el partido comunista ruso, el cual es el gran aliado de el movimiento que lidera Putin.

 

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