Por Eduardo Gómez
Si hay un líder mundial cuya compleja política sea difícil
de interpretar, es Vladimir Putin. Incluso amigos importantes de la Rusia actual
están desconcertados como es el caso de Ancizar Narvaez, articulista en el
último número del semanario Voz, órgano del partido comunista, del 18 de mayo
de 2022. Tratando de definir a Putin Narvaez escribe: “Hay que separar la política
interna de Rusia de su seguridad estratégica. Putin es, en efecto, un político de
derecha, autoritario, antidemocrático en el sentido liberal, nacionalista,
etnocentrista, como los europeos; es una especie de Trump a la rusa.” (en el
artículo, “77 años después, el problema es la OTAN”, pág. 15)
El columnista tomó, pues, al pie de la letra las
apariencias de una política que asume deliberadamente una serie de
contradicciones pero de carácter dialéctico, es decir no excluyentes sino
complementarias y complejas. Después de la caída de la Unión Soviética, Putin y
su equipo aprendieron la dolorosa lección histórica, en el sentido de que el
proceso de afianzamiento de la revolución bolchevique tenía que retomar sus
inicios como poder triunfante pero de manera progresiva, a diferencia de la
manera abrupta y súbita que, dando grandes saltos, tuvo que asumir el proceso histórico
al comienzo de la revolución, debido a la inminente amenaza de la Alemania nazi,
la cual en cualquier momento podía destruir la revolución dada su formidable
potencia bélica. De ahí la necesidad que tuvo Stalin de pactar con Hitler para
ganar un año en la preparación militar de la U.R.S.S. y en la consolidación de
su economía básica. Este pacto era tanto más necesario si tenemos en cuenta que
los llamados aliados occidentales de Stalin (Churchill y Roosevelt) no eran de
fiar, puesto que abandonaron durante tres años de la Segunda Guerra Mundial, a
los soviéticos, negándose a abrir un segundo frente en Europa a pesar de los
reclamos de Stalin. Evidentemente, la intención tácita de esa actitud era la de
propiciar la derrota de la U.R.S.S. y su revolución. Solo cuando se dieron
cuenta de que la Alemania nazi estaba siendo derrotada, adoptaron una posición definida
de alianza con la U.R.S.S., y ya cuando faltaba solo un año para la terminación
de la guerra.
Vladimir Putin se formó políticamente en la KGB y
dentro del partido comunista leninista y stalinista; pero se dio cuenta que la caída
de la U.R.S.S. estaba determinada de lejos por la necesidad que tuvo de quemar
etapas históricas en pro del desarrollo bélico y de ganar la guerra. Esto ya no
era necesario en la post guerra y mucho menos después de la caída del gobierno
de la U.R.S.S., debido a la inmadurez y corrupción parcial del proceso histórico.
Había que volver a Marx, el cual consideraba que el desarrollo capitalista era
una condición importante para hacer la revolución, de modo que el filósofo alemán
esperaba que fueran países como Alemania, Francia o Inglaterra los que harían la
revolución inicialmente en el mundo. Aunque ese punto de vista no se ha
realizado históricamente, es evidente que las revoluciones en los países subdesarrollados
como China, Cuba, Venezuela, Vietnam y otros similares, han sido
particularmente sangrientas y de larga duración y múltiples peligros, debido al
subdesarrollo y a que, por tanto, pueden ser fácilmente chantajeados o atacados.
En cambio, un proceso que cumpla etapas de desarrollo y que acumule suficiente
riqueza, asegura el triunfo progresivo de la revolución sin tanta violencia y
sin tanto drama. En consecuencia, Putin ha fomentado el desarrollo capitalista
(en sus aspectos más racionales y necesarios) en el proceso ruso, lo cual ha
engañado no solo a los enemigos sino a ciertos amigos (como es el caso del columnista
de Voz). Ese doble juego es evidente si consideramos las tendencias de la política
internacional de Putin que ha ayudado precisamente a los pequeños países que desarrollan
una revolución hacia el socialismo como Cuba, Vietnam, Venezuela, Corea del
Norte, Irán, Siria y, claro está, la China Maoísta. Internamente en Rusia también
es visible un proceso de cambios radicales a largo plazo pero que se dan con
serenidad y tiempos suficientes. Ese proceso, además, esta apoyado por el
partido comunista ruso, el cual es el gran aliado de el movimiento que lidera Putin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario