viernes, 13 de mayo de 2022

LEGADO PARA EL NUEVO MILENIO

Por Eduardo Gómez 

…a Gustavo Petro. 

I 

Ancha y generosa es nuestra tierra

su abundancia resistió depredaciones

de los aventureros de la espada y la cruz

venidos de ultramar tras El Dorado,

y su nobleza —que parece inagotable ahora—

sobrevive a latifundistas y banqueros

y a ejércitos mercenarios que la asuelan.

Todavía inmensas llanuras y rumorosas selvas esperan

para ser laboradas y gozadas por un Hombre feliz.

Mientras en las ciudades se apretujan hambrientas

multitudes reptantes convertidas en rebaño,

mientras estafadores saquean doradas arcas

y los indigentes corroen palacios con su baba,

mientras el consumismo endulza esclavitudes

y los astutos medios reblandecen cerebros

—también utilizando al buen Jesús—

y las Ollas surten de droga los colegios

y en lujosos burdeles y clubes para el tedio

se mina la energía de la juventud ambiciosa,

y asesinos a sueldo decapitan a diario los brotes de esperanza,

el hombre más auténtico, profundo y apartado

propicia y acecha

(en universidades y selvas

sindicatos y foros

bibliotecas y academias)

la caída del reino de los ávidos

de los indiferentes y cómplices

y el desmoronamiento del imperio del dólar.

 

II

 

Ya no es posible la inocencia sin comedia y cinismo:

el campesino que encierra su pobreza en una huerta

y sueña con cielos compensatorios en la iglesia,

el cura que predica la renuncia y el castigo del cuerpo

y quiere así una imposible dignidad humana

que exige la fe de la ignorancia confiada

denigrando la duda del que busca pensando,

el general que ordena arrasar y apresar

para conservar las instituciones del hambre y el atraso

y que obedece a los políticos de imperios insaciables,

el obispo que bendice las armas de la guerra opresora

y maniobra en su palacio para conservar la miseria beata,

el escritor que practica autocensura y hace cálculos

para ganar clientela y una publicidad barata,

el poeta que declara solitario su amor a una estrella

y magnifica su miseria y sus pequeños dramas,

el pintor que trafica con decoraciones exquisitas

y con pequeños escándalos de «instalaciones» arbitrarias,

el periodista que se alquila a los mejores postores

y el predicador de ilusiones que funge de mesías,

el juez que todavía cree en el imperio de las leyes

hechas para impedir la humanización y la historia;

en fin, todos aquellos que confunden la paz

con la conservación resignada de la roña y la carroña,

todos ellos se aferran a una prehistoria inhumana

despilfarrando los ricos dones de esta Especie elegida.

Todos ellos son también nosotros

nuestra locura, desafío y angustia

nuestro posible amor activo y nuestro liberador odio.

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