Por Eduardo Gómez
La Comisión de la Verdad, presidida por el jesuita Francisco
de Roux acaba de entregar su informe sobre los eventos que le correspondía
investigar, en el proceso histórico actual. Es un documento de 896 páginas y se
refiere a los últimos 60 años de violencia; el total de muertos es de 450.666 y
dejó cerca de 8 millones de desplazados. Es un informe muy completo y honesto,
que pone en evidencia el drama del país. La comisión concluye que el 80% de las
víctimas de la violencia en Colombia son “civiles no combatientes” y solo el 2%
de las muertes han sido en combate. El origen de esas víctimas es, con
frecuencia, indígena y afro; por lo general se trata de mujeres, niños,
soldados y campesinos. Esto significa que la violencia sigue ensañándose en los
sectores populares y más vulnerables. En cuanto a las zonas geográficas de
mayor violencia, están localizas en el sur del país y las dos costas como los departamentos
del Vaupés, Putumayo, Antioquia, Choco, Valle del Cauca y Cauca. A excepción de
Antioquia, las otras zonas más violentas votaron por Petro y los departamentos
más importantes contra su elección.
Es necesario hacer una distinción general pero de gran
importancia, en la violencia descrita por la comisión. Se trata de diferenciar,
radicalmente, entre la violencia fomentada por los gobiernos representantes de
la oligarquía y el imperialismo estadounidense, la cual se inició hace ya décadas
(especialmente a partir del asesinato de Gaitán) como un intento de consolidar
tendencias de carácter fascista, y la violencia que surgió en los sectores
populares y democráticos como respuesta desesperada para la sobrevivencia. Está
ha sido una violencia de carácter revolucionario y si en ella ha habido excesos
que no se pudieron evitar, la responsabilidad fundamental de esa situación es
la de los atacantes del imperio y las oligarquías, los cuales utilizaron la
mayor parte del ejército y la policía para ejercer su tiránico dominio. Esta distinción
es esencial para la compresión histórica de nuestros procesos y no es planteada
por La Comisión de la Verdad, no porque haya una mala fe (de sobra sabemos las
cualidades de demócrata integral de Francisco de Roux, para citar un solo
ejemplo) sino porque esa Comisión no quiere entrar por el momento en complejas
discusiones que obstruyan sus consecuencias más directas y urgentes; pero
quienes estamos al margen de la política práctica, no podemos callar esas
realidades cuya compresión es indispensable para una investigación profunda de
los sucesos históricos. No sobra hacer comparaciones con otros sucesos ya lejanos
en el tiempo como la Revolución Francesa, que tuvo que inventar la guillotina
para llevar a cabo las ejecuciones que se consideraban necesarias; la Revolución
Bolchevique que debió sacrificar más de 27 millones de personas; la de Vietnam,
que duro más de 20 años e incluso revoluciones en el campo del espíritu como la
cristiana, que organizó la guerra de las cruzadas y experimentó la pérdida de
centenares de miles de mártires. Esos son unos pocos ejemplos de cómo la
violencia de los opresores obliga, si se quiere lograr cambios efectivos en el
proceso histórico, a responder con un tipo de violencia necesaria para
consolidar valores humanísticos y una superación de la especie.
En todo caso, la Comisión de la Verdad se ha lucido,
dentro de las posibilidades de la actualidad político-social y, especialmente,
el jesuita Francisco de Roux. Sin duda, el éxito de esta investigación ha sido
indirectamente fomentado por el triunfo de Gustavo Petro para constatar lo cual
basta recordar que el presidente Duque no asistió al acto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario