jueves, 30 de junio de 2022

ALGO MÁS SOBRE EL INFORME DE LA COMISION DE LA VERDAD

 Por Eduardo Gómez

La Comisión de la Verdad, presidida por el jesuita Francisco de Roux acaba de entregar su informe sobre los eventos que le correspondía investigar, en el proceso histórico actual. Es un documento de 896 páginas y se refiere a los últimos 60 años de violencia; el total de muertos es de 450.666 y dejó cerca de 8 millones de desplazados. Es un informe muy completo y honesto, que pone en evidencia el drama del país. La comisión concluye que el 80% de las víctimas de la violencia en Colombia son “civiles no combatientes” y solo el 2% de las muertes han sido en combate. El origen de esas víctimas es, con frecuencia, indígena y afro; por lo general se trata de mujeres, niños, soldados y campesinos. Esto significa que la violencia sigue ensañándose en los sectores populares y más vulnerables. En cuanto a las zonas geográficas de mayor violencia, están localizas en el sur del país y las dos costas como los departamentos del Vaupés, Putumayo, Antioquia, Choco, Valle del Cauca y Cauca. A excepción de Antioquia, las otras zonas más violentas votaron por Petro y los departamentos más importantes contra su elección.

Es necesario hacer una distinción general pero de gran importancia, en la violencia descrita por la comisión. Se trata de diferenciar, radicalmente, entre la violencia fomentada por los gobiernos representantes de la oligarquía y el imperialismo estadounidense, la cual se inició hace ya décadas (especialmente a partir del asesinato de Gaitán) como un intento de consolidar tendencias de carácter fascista, y la violencia que surgió en los sectores populares y democráticos como respuesta desesperada para la sobrevivencia. Está ha sido una violencia de carácter revolucionario y si en ella ha habido excesos que no se pudieron evitar, la responsabilidad fundamental de esa situación es la de los atacantes del imperio y las oligarquías, los cuales utilizaron la mayor parte del ejército y la policía para ejercer su tiránico dominio. Esta distinción es esencial para la compresión histórica de nuestros procesos y no es planteada por La Comisión de la Verdad, no porque haya una mala fe (de sobra sabemos las cualidades de demócrata integral de Francisco de Roux, para citar un solo ejemplo) sino porque esa Comisión no quiere entrar por el momento en complejas discusiones que obstruyan sus consecuencias más directas y urgentes; pero quienes estamos al margen de la política práctica, no podemos callar esas realidades cuya compresión es indispensable para una investigación profunda de los sucesos históricos. No sobra hacer comparaciones con otros sucesos ya lejanos en el tiempo como la Revolución Francesa, que tuvo que inventar la guillotina para llevar a cabo las ejecuciones que se consideraban necesarias; la Revolución Bolchevique que debió sacrificar más de 27 millones de personas; la de Vietnam, que duro más de 20 años e incluso revoluciones en el campo del espíritu como la cristiana, que organizó la guerra de las cruzadas y experimentó la pérdida de centenares de miles de mártires. Esos son unos pocos ejemplos de cómo la violencia de los opresores obliga, si se quiere lograr cambios efectivos en el proceso histórico, a responder con un tipo de violencia necesaria para consolidar valores humanísticos y una superación de la especie.

En todo caso, la Comisión de la Verdad se ha lucido, dentro de las posibilidades de la actualidad político-social y, especialmente, el jesuita Francisco de Roux. Sin duda, el éxito de esta investigación ha sido indirectamente fomentado por el triunfo de Gustavo Petro para constatar lo cual basta recordar que el presidente Duque no asistió al acto.

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