Por Eduardo Gómez
Nada nos
pertenece
todo
nos corresponde en préstamo para buen uso.
Generaciones
futuras habitarán en nuestra casa
y el
pan que comemos aún es amasado con sangre.
Aparecemos
gratuitamente sobre el mundo
venidos
de una oscuridad sin fondo.
La
existencia es un momento de luz
que
nos fue dado
y un
día nos iremos desnudos y solitarios,
¿cómo
hablar entonces de derechos exclusivos?
¿cómo
matar en nombre de lo Tuyo y lo Mío?
UNA ESPERANZA
Las
gentes pobres cortan el pan con mano gruesa
en
rebanadas finas
escrupulosamente.
En los
días de fiesta visitan cementerios
ferias
abarrotadas donde no compran nada
parques
abandonados o iglesias sombrías.
Las
gentes pobres deambulan como perros
se
ahogan pesadamente en el fondo de los ríos
que
rugen en los sótanos de fábricas inmensas
y en
sus ojos severos hay un fuego escondido
y en
sus músculos crece un demonio dormido.
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