Por Fernando Dorado, Popayán, 7 de julio de 2022.
(E-mail:ferdorado@gmail.com / Blog:https://aranandoelcieloyarandolatierra.blogspot.com/2022/07/ahora-viene-lo-bueno.html#.Ysbetb3MLIU)
Después
del estallido social vino la campaña electoral. Ahora entramos en la fase de la
negociación y toma de decisiones. Algunos temas quedaron resueltos de antemano,
otros están en proceso de discusión y, unos más, se aplazarán mientras los
diversos sectores acumulan fuerza al interior de la sociedad y el Estado. Será
un pulso entre lo nuevo y lo viejo, y entre lo urgente y lo importante.
El
expresidente Uribe y el saliente Duque aprovechan el interregno entre la
elección y la posesión del nuevo gobierno para incidir en las políticas de
quienes los reemplazarán en la dirección del Estado. Intentan negar u ocultar su
derrota, tratan de agrupar a la oposición y se apoyan en los “gremios
empresariales” para defender su legado (defensa a muerte de los fondos privados
de pensiones, de las EPS y de la economía extractivista de combustibles fósiles).
Esta
nueva fase empezó aún antes de haberse nombrado los y las ministros (as) y
seguirá su curso en diversos escenarios paralelos. No será el Congreso el
verdadero escenario de esa lucha y negociación como piensa la mayoría. Ese
espacio de lucha se dará al interior de todas las clases y sectores sociales
que se confrontan en este período y se materializará en su capacidad de unirse,
en las alianzas interclasistas y en sus decisiones públicas.
Tres
grandes bloques socio-económicos se han venido configurando en la última década
y se han agrupado con decisión luego del estallido social y a lo largo de la campaña
electoral. Ellos son:
El
constituido por los banqueros y capitalistas transnacionalizados liderados por
el Grupo Empresarial Antioqueño y los grandes terratenientes devenidos en
capitalistas agroindustriales y rentistas de la tierra (cañeros, palmeros,
etc.), que apoyaron la “paz santista” pero vacilaban frente al ascenso de un
gobierno de “izquierda progresista”.
El
que congrega a las “burguesías emergentes[1]”
aliadas de los sectores populares. Allí están los campesinos tradicionales y
colonos cocaleros, los pequeños y medianos productores agrarios que se liberaron
del “uribismo” ante la desaparición de las Farc, y el conjunto de los
trabajadores, incluyendo al joven precariado profesional. Un sector de la burguesía
burocrática se muestra muy activa frente a la nueva realidad política y ha
desplegado todas sus artes para sobrevivir e influir.
Y
el de los “nuevos” grandes terratenientes despojadores de tierra que surgieron
y se fortalecieron durante los gobiernos del expresidente Uribe al calor de la
guerra paramilitar “contrainsurgente”. Tienen como principales aliados a un
sector poderoso de la burguesía burocrática (grandes comerciantes y
contratistas del Estado) y sectores corruptos del ejército y la burocracia.
Los
dos primeros bloques ya han logrado ubicar sus fuerzas y cuadros dentro del
nuevo gobierno progresista, tanto a nivel de representación legislativa como en
los equipos de empalme y ministerios. El tercer bloque se coloca como cabeza de
la oposición aunque algunos de sus representantes juegan a no aislarse para
poder influir “desde adentro”.
Entre
los temas “consensuados” en esta primera fase están los de avanzar con los
acuerdos de paz, restablecer las relaciones con el gobierno de Venezuela, aprobar
una reforma tributaria para garantizar la inversión social, fortalecer la lucha
contra la corrupción e impulsar una reforma agraria. Sin embargo, todos serán
fruto de un fuerte y tenso tire y afloje, y no será nada fácil.
Las
reformas en el sector de la salud, de las pensiones y en la estructura del
Estado (policía, procuraduría y justicia, los nuevos ministerios, hacienda y
planeación nacional), y el cambio de la matriz energética como parte de una
transformación del aparato productivo, serán los temas que sacarán a flote la
voluntad del nuevo gobierno y la verdadera correlación de fuerzas en evolución.
Y
están aquellos aspectos y problemas que dependen del contexto global y regional
(América Latina). La problemática del narcotráfico, la violencia estructural
ligada a las economías criminales, las relaciones con los bloques de poder
geopolítico (EE.UU., Europa, China, Rusia, etc.), son temas que posiblemente se
irán abordando de acuerdo a la capacidad del nuevo gobierno para resolver los “temas
internos” y crear condiciones para actuar en el entorno externo.
En
lo inmediato, el nuevo gobierno tiene un escenario muy difícil. La ventaja mínima
obtenida en las elecciones no le dan un soporte contundente para forcejear con
toda la fuerza que la situación exige. La recesión económica global que se incuba,
la inflación galopante en buena parte del mundo, la caída del valor de las
materias primas, la devaluación de la moneda nacional, y el enorme
desequilibrio fiscal que deja el gobierno de Duque (“raspada la olla” y una enorme deuda
pública), lo enfrentan a tener que resolver con guantes de seda los
siguientes interrogantes:
¿Cómo
restablecer el equilibrio fiscal sin restringir los gastos públicos? ¿Cómo
hacerlo sin afectar los intereses del sistema dominante y sin que la nueva
regulación del reparto de los impuestos signifique transferir una parte
importante de las cargas públicas a los hombros de la gran burguesía? ¿Cómo
ganar tiempo y mayor apoyo popular para poder acumular la fuerza suficiente?
Le
corresponde al movimiento popular aprovechar esta situación para agruparse con
independencia y autonomía y poder jugar -desde su escenario propio y natural- en
favor de sus intereses y los de las grandes mayorías. No será en el Congreso ni
al interior del aparato burocrático del Estado donde se resuelvan
estructuralmente los problemas planteados sino en el campo de la fuerza real.
La
oligarquía financiera y los grandes terratenientes jugarán al desgaste gradual.
Los “nuevos” terratenientes despojadores buscarán el choque inmediato y la
desestabilización. Las burguesías emergentes pueden ser unos buenos aliados
siempre y cuando desde los pueblos y trabajadores se tenga claridad
estratégica. La “cooptación burocrática” es nuestro mayor peligro y amenaza.
[1] “Burguesías emergentes”
siempre han existido desde que surgió el capitalismo. La acumulación originaria
de capital encuentra nuevos escenarios y contribuye a la aparición de nuevos
sectores capitalistas. En Bolivia, Perú y Ecuador les llamaron “burguesía
chola”. En Colombia la economía del narcotráfico y otras economías ilegales
contribuyen con ese proceso. Hoy se acepta que importantes recursos económicos
surgidos del narcotráfico se “irrigan” hacia la economía legal y se han
convertido en un “estabilizador macroeconómico” tanto en Colombia como en el
mundo. De acuerdo a algunos analistas, las economías ilegales y “criminales”
(tráfico de drogas, de armas, de personas, de información, crédito ilegal, apuestas,
etc.) contribuyen con un 33 a 38% del PIB global (Nota del Autor).
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