viernes, 15 de septiembre de 2023

CARLOS MARX Y LA CIVILIZACIÓN CHINA

PRIMERA PARTE (1/3)
Por: Ing. Luis Alberto Arenas V.*

Bogotá, sept. 2023

Después de graduarse, Marx fue profesor universitario durante unos pocos meses y luego se empleará como periodista, una actividad que ejercerá a lo largo de los años. Fundó revistas y escribió muchos artículos políticos y económicos para diarios de Alemania y Austria. En el exilio londinense, la etapa final de su vida (1849/1883), fue corresponsal del diario estadunidense New York Daily Tribune durante once años (1851/1862).¹ En este mismo medio escribía Federico Engels², su entrañable amigo, y algunos artículos los firmaron juntos, siendo reimpresos en varios periódicos europeos. Trabajos intelectuales que le permitieron obtener pequeños ingresos económicos que paliaban la pobreza y las enfermedades que la acompañan. La mayoría no tuvieron rigurosidad intelectual y algunos fueron francamente desafortunados en el contenido y las predicciones.³

Entre el 14 de junio de 1853 y el 14 de febrero de 1860, Marx envió al periódico neoyorquino 17 artículos sobre diversos aspectos de China, como las intervenciones del imperio inglés, el comercio y la guerra del opio (1839/1860).

De ellos puede deducirse una visión un tanto ingenua de la civilización china, equidistante de la opinión más objetiva de filósofos eminentes y de la sesgada de otros intelectuales y de la claque política europea de la época. Marx profesó la creencia, que compartía Engels, de una China semi-bárbara, estancada y alejada del dinamismo del progreso, asaltada en su buena fe por traficantes europeos y estadunidenses. Se confundía la decadente dinastía manchú de los Qing (1644/1911) con el legado de la brillante civilización del Celeste Imperio, cuya historia milenaria al parecer desconocía y cayó en la trampa del eurocentrismo. Escribía Marx en 1858:

«Mientras que el semi-bárbaro actuaba según el principio de la moralidad, el civilizado le oponía el principio del interés particular. Un imperio gigante que contiene casi un tercio de la raza humana, que vegeta en las fauces del tiempo, aislado por la exclusión forzada de las relaciones generales, y que se la ingenia para engañarse a sí mismo con delirios de perfección Celestial---tal imperio deberá finalmente ser superado por el destino en un duelo mortal, donde el representante del mundo anticuado aparece impulsado por motivos éticos, mientras que el representante de la abrumadora sociedad moderna lucha por el privilegio de comprar en los mercados más baratos y vender en los más caros---esto, de hecho, es una especie de pareado trágico más extraño de lo que cualquier poeta se hubiera atrevido a imaginar.» (¿Opio o negocio?, 20 de septiembre de 1858)

Marx y Engels estaban convencidos que la revolución estallaría en Europa y en la lejana China de manera simultánea, pues como dice Marx en la introducción al primer artículo enviado al Daily Tribune «los extremos se tocan». La penetración del capitalismo por vías coloniales al mundo asiático era un paso adelante dado que «produjo la más grande y, para hablar francamente, la única revolución social que haya jamás tenido lugar en Asia. [...] Todos estos agentes disolventes que actuaban juntos sobre las finanzas, la moral, la industria y la estructura política de China, alcanzaron su máximo desarrollo en 1840, bajo los cañones ingleses que abatieron la autoridad del emperador y obligaron al Celeste Imperio a entrar en contacto con el mudo terrenal. El aislamiento total era la condición fundamental para la preservación de la antigua China.» (La revolución en China y en Europa,14 de junio de 1853)
 
En otra columna dirá que «por penoso que sea para nuestros sentimientos personales <es> el espectáculo de un viejo mundo que se derrumba», y como le escribirá años más tarde a Engels «la verdadera tarea de la sociedad burguesa es la creación del mercado mundial, o cuando menos de su marco general, y de la producción basada en el mercado. Puesto que la Tierra es redonda, me parece que la colonización de California y Australia y la apertura de China y Japón parecen haber completado ese proceso.» (Carta de Marx a Engels, 8 de octubre de 1858)

La guerra del opio y la apertura a cañonazos de los puertos al libre comercio, que Marx las llamó con su ironía habitual ‘guerras civilizadoras’ (Another civilization war, 10 de octubre de 1859), produjeron dos efectos en «la resistencia moral del chino»: la desmoralización y la corrupción.

«La corrupción que devoró el corazón de la burocracia Celestial y destruyó el baluarte de la Constitución Patriarcal, se introdujo de contrabando en el Imperio, junto con los barriles de opio, desde los barcos comerciales ingleses anclados en Whampoa.» (Comercio libre y monopolio, 25 de septiembre de 1858)

El origen de la guerra del opio, como casi todas las guerras, fue económico: el desequilibrio de la balanza de pagos favorable a China y la prohibición de la importación de opio (1829), negocio que rentaba hasta un 400%. Guerra que se extendió por veinte años y originó lo que la historiografía china llama ‘El siglo de las humillaciones’ y la imposición de ‘Los tratados desiguales’ por los cuales las potencias occidentales, incluida Rusia, establecieron a lo largo de toda la costa enclaves coloniales. La lógica del capitalismo, como toda lógica, es de hierro: entre 1801/1820, las importaciones de opio ascendían a 5.000 barriles por año; después de la guerra debieron superar los 60.000 barriles, a un costo de más de 15 millones de civiles chinos muertos, el caos económico y social del país sólo superado un siglo más tarde.

Opinión de filósofos y literatos europeos

Tres citas referidas a la civilización China de tres prominentes intelectuales europeos anteriores a Carlos Marx que ya ponían en entredicho la idea del eurocentrismo y que por su concisión es superfluo comentarlos:
«En vista de lo mucho que ha avanzado la corrupción de las leyes morales, casi creo necesario que nos enviaran misioneros chinos que pudieran enseñarnos los propósitos y la práctica de la teología natural.» G. W. Leibniz, 1697.
« [...] pero esto no impide que los chinos, hace cuatro mil años, cuando nosotros no sabíamos ni leer, conocían todas las cosas eminentemente útiles de las que nos enorgullecemos hoy.» Voltaire, 1764.
«Gracias a esta extrema moderación en todo, el Imperio Chino ha sobrevivido durante milenios y resistirá mucho tiempo más.» Johann W. von Goethe, 1827.¹⁰


Opinión de los políticos

Dos citas, una de un estadista de extrema derecha y otra de un dirigente representativo del llamado ‘socialismo real’:
Cuando la guerra de los boxers, al partir hacia China en 1900 las tropas alemanas, el káiser Guillermo II les arengó con emoción contenida: «Pekín deberá quedar arrasada hasta los cimientos. Es la lucha de Asia contra toda Europa, a la que vosotros vais a proteger contra el peligro amarillo. Nada de gracia, nada de prisioneros»; de tal manera, prosiguió, «que el nombre de Alemania tenga en la China tal fama que ningún chino vuelva a mirar desdeñosamente a un alemán.» La insurrección de los boxers fue un levantamiento campesino contra los misioneros cristianos occidentales hacia finales del siglo XIX. El asedio a las embajadas extranjeras en Pekín en ese año fue el pretexto para el envío de una fuerza punitiva de 45.000 soldados procedentes de Alemania, Austria, EEUU, Francia, Inglaterra, Italia, Japón y Rusia, bajo el mando supremo del conde alemán Alfred von Waldersee.¹¹

Por razones históricas de las agresiones de Rusia a China, Rusia ha tenido una vecindad conflictiva y una prevención permanente con China, que no se superó ni en la época de Stalin como lo esperaba Mao. Kruschev solía referirse a China como ‘el peligro amarillo’, según cuenta el canciller de la República Federal Alemana K. Adenauer que visitó a la Unión Soviética en septiembre de 1955. Kruschev en sus memorias relata: «Recuerdo que cuando volví de China en 1954, les dije a mis camaradas: ‘El conflicto con la China es inevitable.’ Llegué a esta conclusión sobre la base de diversas observaciones que Mao había hecho.»¹²

NOTAS

(1) Red internet, portal Marx Engels Archive, Karl Marx in ‘New York Daily Tribune’, Articles on China 1853-1860. 
Este diario era el de mayor tiraje de habla inglesa y Marx publicaba dos columnas por semana y luego una. En total publicó 487 artículos. La traducción de las citas y títulos de los artículos son del autor de este ensayo.

(2) Por ejemplo, Engels, Persia-China, 22 de mayo de 1857. Engels se encargaba de los artículos de contenido militar.

(3) Bolívar y Aponte, The New American Cyclopedia: A Popular Dictionary of General Knowledge, t. III, enero de 1858. 
Fue una enciclopedia estadunidense, publicación distinta al Daily Tribune, editada entre 1858 y 1863 y de cuya junta directiva formaba parte Marx. Para Engels fue «un trabajo puramente comercial [...] que puede permanecer sepultado sin prejuicio.» (Carta a Hermann Schlüter, 29 de enero de 1891)
En este escrito---perteneciente a un conjunto de esbozos biográficos, Marx calificó a Bolívar de traidor, al entregar encadenado a los españoles a Miranda---su jefe; de cobarde, al abandonar las tropas bajo su mando en varias oportunidades. En suma, un militar mediocre, autor de proclamas altisonantes, cuyo éxito y gloria fueron obra del azar y la fortuna.
En un artículo para el Daily Tribune apoyó la guerra de EEUU contra México y la anexión de California.

(4) Beeching, Jack, La guerra del opio, traducción de Álvaro Castillo, Plaza & Janes Editores, Barcelona, 1976.
La historiografía convencional refiere dos guerras del opio: la 1ª. de 1839 a 1842 y la 2ª. de 1856 a 1860, pero para el historiador inglés Beeching sólo son dos fases de una misma contienda.

(5) Sobre la elaboración del concepto de eurocentrismo puede consultarse en Pachón, Damián, El eurocentrismo, Oriente y el poder chino, “El Espectador”, 5 de julio de 2023.

(6) Los barriles estaban construidos de madera con una capacidad de 70 kilogramos cada uno y la moneda de intercambio era la plata.

(7) En la segunda fase de la guerra participaron, además, Francia, Rusia y Estados Unidos. Conviene observar que hoy los Estados Unidos son un país protagonista, como víctima y victimario, de una segunda guerra global relacionada a sustancias alucinógenas: la de la coca. Una vez superada esta negra etapa, para países como Colombia, será útil elaborar cifras similares y compararlas.

(8) Leibniz, Gottfried Wilhelm, Novissima Sinica historiam nostri temporis illustratura-China ilustra los últimos acontecimientos de nuestra historia (traducción libre del autor), 1697.
Leibniz, junto con Descartes y Spinoza son considerados las mentes más preclaras que sentaron las bases de la filosofía moderna Occidental. Leibniz mantuvo estrecho contacto con europeos y jesuitas que vivieron en China, permitiéndole acceso a los clásicos literarios y a los textos confucianos en las traducciones de los jesuitas; además, editó los informes de éstos sobre China.

(9) Voltaire (1694/1778), Diccionario filosófico, edición y prólogo de Luis Martínez, traducción de José Aren Fernández y Luis Martínez Drake, Editorial Akal, Madrid, 1985.
Este diccionario tiene dos entradas llamadas ‘Catecismo chino’ (pp. 111/185) y ‘Sobre la China’ (pp. 152/155). En la traducción de la cita, p. 155, se introduce una pequeña modificación en aras de mayor claridad.

(10) Johann W. von Goethe, 1827. Citado en  China-Retrato de un país por 88 fotógrafos chinos, Liu Heung Shing-Editor, traducción al castellano de Anna Asperó M, Editorial Taschen, Barcelona, c. 2011; p. 246.

(11) Arenas, Luis A., La moderna República Popular China, Bogotá, 2019; pp. 141/142.

(12) Witke, Roxane, La camarada Chiang Ching, p. 359, nota 8; a su vez tomado de Nikita S. Kruschev, Recuerdos de Kruschev, Boston, 1960, p. 466.

*Sobre el autor
Ing. Electrónico (1970), U. Distrital, Bogotá. Magister en Ingeniería Eléctrica, U. de Chile. Fue funcionario del Departamento Nacional de Planeación y de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones de Colombia; profesor y rector universitario; consultor en informática y telecomunicaciones. Autor de varios libros.



2 comentarios:

  1. Unir a Marx con China es muy importante y, además y sobre todo por el momento que vivimos, superimportante. Es claro que sin analizar el pensamiento materialista de Carlos Marx no se puede entender el salto que viene dando la China Popular. Se debe aprovechar este oportuno material del ingeniero Arenas, estudioso del fenómeno asiático.

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  2. Unir a Marx con China es muy importante y, además y sobre todo por el momento que vivimos, superimportante. Es claro que sin analizar el pensamiento materialista de Carlos Marx no se puede entender el salto que viene dando la China Popular. Se debe aprovechar este oportuno material del ingeniero Arenas, estudioso del fenómeno asiático.
    Mario Méndez, sociólogo Universidad Nacional

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