TERCERA PARTE (3/3)
Por: Ing. Luis Alberto Arenas V.*
Bogotá, sept. 2023
Lo que dice hoy la historia de la ciencia
Hoy la historia de la ciencia suministra un balance que podría considerarse completo sobre los aportes científicos de la civilización china al conocimiento universal.
Una de las obras al respecto, calificada por los especialistas occidentales de monumental, son los estudios de Joseph Needham (1900/1995). Needham, bioquímico inglés, fue uno de los más grandes especialistas en ciencia, técnica y tecnología de China clásica y de Asia antigua. Durante su vida vivió y visitó en varias oportunidades China donde era conocido como Li Yuese. Fue el autor de Science and Civilization in China, con la colaboración de Wang Ling y otros especialistas chinos; comprende siete volúmenes en 24 partes, publicado por Cambridge University Press, Inglaterra, entre los años 1954 y 2004. Abarca las siguientes materias:
Volumen 1: Orientaciones introductorias (1954).
Volumen 2: Historia del pensamiento científico (1956).
Volumen 3: Matemáticas y las ciencias de los cielos y la tierra (1959).
Volumen 4: Física y tecnología física, parte I: Física (1962); parte II: Ingeniería mecánica (1965); parte III: Ingeniería civil y náutica (1971).
Volumen 5: Química y tecnología química, en 13 partes (1985/1999).
Volumen 6: Biología y tecnología biológica, en seis partes (1986/2000).
Volumen 7: Las bases sociales, en dos partes (1998/2004).
El gran ensayista George Steiner sostiene que la única obra intelectual comparable---en sus implicaciones y alcances en el mundo de las ideas---a la novela En búsqueda del tiempo perdido de Marcel Proust es Ciencia y civilización en China de Needham:
«El único sucesor de Proust es Joseph Needham. A la recherche du temps perdu y Science and civilization in China representan dos vuelos prodigiosamente fundamentados y controlados del intelecto recreativo. Exhiben lo que denominaba Coleridge «fuerzas esemplásticas», esa múltiple coherencia en el diseño que construye una gran morada de lenguaje para que la habiten la memoria y la conjetura. La China de la apasionada reconstitución de Needham---tan plasmada hacia adentro antes de que él fuera en búsqueda de su verdad material---es un lugar tan intrincado, tan iluminado por los sueños como el camino de Combray. El relato de Needham, es un ensayo «provisional», sobre las malas interpretaciones. Sobre el descubrimiento final de la verdadera simetría hexagonal de los cristales de nieve tiene el mismo sabor exacto de ofrenda multiforme a la contemplación por parte del narrador que tienen los campanarios de Martinville. Ambas obras son una extensa danza de la mente.» (En el castillo de Barbazul, El mañana.)²⁸
A modo de conclusión
Una idea aportada al avance del conocimiento es suficiente para un reconocimiento perenne. Tal el caso de Newton, en la ciencia de la física, con su idea de la gravitación universal que lo inmortalizó; el resto de su producción intelectual fue una locura. O Einstein con las ideas de la relatividad y el efecto fotoeléctrico; lo demás serán esfuerzos fallidos. O Freud, en las ciencias de la vida, con su idea del psicoanálisis. Marx, en las ciencias sociales, a pesar de los malentendidos de sus convicciones sobre la civilización China, de Bolívar o de la creencia en una ciencia del socialismo científico, será recordado por sus importantes contribuciones teóricas a la ciencia de la historia---su periodización de los modos de producción, por ejemplo, y en especial en la historia económica---su análisis del nacimiento del capitalismo y su desarrollo temprano no ha sido superado.
Concluida la guerra del opio, China se hundió en la confusión y el caos. «Se trataba de un país senil, sumergido en la confusión y la agitación a causa tanto del pasado más inmediato como del presente y marcado por la derrota ante Occidente y las tensiones internas», escribe el historiador británico Nigel Cameron en la introducción al libro de fotografías Rostros de China 1860-1912.²⁹
Una crisis que se acentuó en la primera mitad del siglo XX. El eminente paleontólogo jesuita Teilhard de Chardin---por sus investigaciones conoció bien la China rural en la década de los 40 del siglo pasado, comentaba en una de sus cartas: «En los desorganizados campos reina una indecible miseria. Y, por debajo de todo ello, el frío».³⁰ Como tantas veces en esas tierras, de nuevo los goznes de la historia giraron de manera dramática al finalizar la guerra civil en 1949 y clarividentes fueron las palabras de Mao en el discurso inaugural de la I Sesión Plenaria de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino: «Nuestra nación no será más una nación humillada. Nos hemos puesto de pie.»³¹
NOTAS:
(28) Steiner, George, En el castillo de Barbazul, traducción de Hernando Valencia Goelkel, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1977; pp. 112/113.
(29) Face of China 1860-1912, introducción de Nigel Cameron, historiador británico, citado en China-Retrato de un país por 88 fotógrafos chinos, op. cit., p. 10.
(30) Teilhard de Chardin, Pierre, Nouvelles lettres de voyage 1939-1955, Editions Bernard Grasset, Paris, 1957. Carta a su prima fechada el 25 de enero de 1940 en Pekín, p. 34.
(31) Discurso de apertura de la I Sesión Plenaria de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, Pekín, 21 de septiembre de 1949, Obras escogidas de Mao Tsetung, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1977; t. V, p. 13.
Esta Conferencia Consultiva asumió poderes y funciones constitucionales y creó la República Popular China que fue solemnemente proclamada el siguiente 1 de octubre.
*Sobre el autor
Ing. Electrónico (1970), U. Distrital, Bogotá. Magister en Ingeniería Eléctrica, U. de Chile. Historiador de la ciencia. Fue funcionario del Departamento Nacional de Planeación y de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones de Colombia; profesor y rector universitario; consultor en informática y telecomunicaciones. Autor de varios libros.
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