Sin duda, es Indalecio Liévano Aguirre el
historiador más veraz y avanzado, en Colombia, y el que más cuestiona a la
historia tradicional que se ha enseñado en escuelas y colegios. En su obra
maestra, “Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia”,
plantea (a propósito del 20 de julio de 1810) cómo en realidad las oligarquías criollas
(constituidas por los descendientes de españoles nacidos en este país) pedían, no la liberación de España, sino que
la corona los igualara en poder político y económico con los españoles nacidos en la península, lo cual
significaba, poder explotar más a los indígenas y acaparar mayores riquezas, a
costa del pueblo raso de indígenas,
negros, pardos y mestizos... Encabeza esa tendencia, el 20 de julio, don Camilo
Torres, que es el “prócer” que más crudamente desenmascara Liévano Aguirre como
un falso liberador y por ser el jefe político de esas
oligarquías criollas. Al respecto escribe Liévano:
“Como a los criollos no les importaba la
Independencia sino compartir el poder con las autoridades coloniales, en el
cabildo de Santa Fé pudo el Oidor Jurado, la noche del 20 de julio, conseguir
que en el acta de ese día se dejaran registrados y a salvo los intereses de la
metrópoli. Fue don Camilo Torres quien se encargo de defender la jurisdicción
del Consejo de Regencia y los derechos de Fernando VII, dando muestras, desde
aquella noche, de la conducta equivoca que mantendría a lo largo del proceso de
emancipación.” (pág. 584, segundo párrafo). Y agrega: “Fue don Camilo Torres
quien, en la noche del 20 de julio, más eficazmente ayudó al oidor Jurado a
impedir que se tomara cualquier decisión que pudiera parecerse a una
declaración de independencia, y fue él, con Frutos Joaquín Gutiérrez y Acevedo
y Gómez, quienes impusieron la elección del virrey como presidente de la junta
suprema”. (pág. 585, segundo párrafo)
El verdadero impulso hacia una independencia que
superara la situación de colonia surge del pueblo que con sus peticiones, salva
inicialmente el movimiento independentista del 20 de julio, y concretamente
gracias a un líder que entonces surge, José María Carbonell, mantenido en el
anonimato por los historiadores tradicionales.
Indalecio lo descubre y nos dice:
“Al tiempo que la junta de gobierno (integrada
por españoles de la península y criollos españoles de América) declaraba terminada
la revolución del 20 de julio de 1810 y consideraba, con apremio, las
precauciones indispensables para imponer el orden… José María Carbonell tomaba
las medidas del caso para que el pueblo se mantuviera en manifestación
permanente desde las once de la mañana del día 21 de julio de 1810. Carbonell
no estaba dispuesto a dejar sin definir el problema básico de la Independencia,
ni a tolerar que aquella batalla, ganada por el pueblo, no tuviera alcances
distintos de un simple traslado de poder, de manos del virrey a la poderosa
oligarquía criolla de grandes hacendados, comerciantes, plantadores esclavistas
y abogados, que constituían la verdadera clase opresora… la clase cuyas
divergencias con la metrópoli no tenían otro sentido que su deseo de derogar aquellas
instituciones de la legislación española que otorgaban alguna protección a los
indios y a los desposeídos, para lo cual trataban adueñarse del estado.”(pag.586,
segundo párrafo)
José maría Carbonell es, pues, el verdadero
prócer del movimiento de Independencia de 1810 y es descubierto por Indalecio Liévano
en su gran obra. Carbonell terminó siendo encarcelado por los dirigentes
criollos de la oligarquía, con lo cual ese movimiento independentista del 20 de
julio, termina en el fracaso.
“En general, para las oligarquías criollas de
América, la independencia era una alternativa sembrada de peligros y sólo deseable
en el caso de que España fuera dominada por los “libertinos de Francia” y se
tratara de imponer a las posiciones de ultramar las “detestables” doctrinas de
la Revolución Francesa.” (pág. 583, mitad del segundo párrafo)
La única
excepción a esta regla la constituyó la Revolución Mexicana, donde los
indígenas tuvieron un papel preponderante.
“La junta constituida por los españoles
criollos de la oligarquía redactó el siguiente texto, inspirada por don Camilo
Torres: <convencido con este Cuerpo de los sentimientos con los que el
pueblo ha excitado su lealtad en favor de su justa causa, ha resuelto como
fundamento de la constitución: 1. – Sostener y defender la religión católica,
Apostólica y Romana… 2. – Defender los derechos de nuestro amable soberano don
Fernando VII, conservando este reino para su augusta persona hasta que tengamos
la feliz suerte de verlo restituido a un trono que le arrebato el tirano del
mundo (Napoleón). 3. – En favor de la tranquilidad publica se prohíbe
absolutamente todo espíritu de división como perjudicial en un tiempo en que la
junta suprema se ocupa en el reposo y quietud general; exigiendo el amor que se
le debe tener a los españoles europeos… 4. – El pueblo pedirá lo que quiera por
medio de su Síndico Procurador General, que aprobará lo que se ajusto desechando
lo que… la inquietud de los ánimos.”(págs.. 597 a 598)
La junta creo además un cuerpo armado con los
servidores de los grandes propietarios de haciendas de la sabana. Como
resultado de estas medidas anti revolucionarias y abyectamente sumisas a España,
Santa Fé presentaba el 24 y 25 de julio de 1810 “el aspecto de una plaza
sitiada”. La gran aliada en toda esta represión fue la iglesia católica.