Por María Teresa Herrán.
Tomado del blog "Opinar es debatir sin pelear" de 29 de enero de 2022.
https://mariatherran46.blogspot.com/
Nota :
Que el 2022 sea oportunidad para otro estilo, como dicen los diseñadores y un nuevo "look" como dicen los fans- para mezclar, de cuando en cuando, la realidad con la ficción, como lo hacen con mucha propiedad Doñas Tola y Maruja.
El asterisco* indica la referencia al final del artículo.
_______
Tal vez podemos empezar por el principio. ¿Como se evalúan los atributos de una mujer? Durante muchos siglos y en muchas culturas, los atributos se atribuían – y perdonen la redundancia- según se fuera hombre o mujer.
Si era hombre, debía tener ciertos atributos, como el “innato” gusto por el poder y – claro-, esa hombría que por cierto ha tenido cierta tendencia a diluirse, como se verá más adelante en mi estilo 2022.
Si era mujer, el mayor atributo era el de la maternidad. Eso facilitaba, para el hombre, nada menos que imponerse sobre los demás, y en el otro caso, el de las mujeres, suponía no estar autorizada para opinar sobre ciertos temas considerados impropios, como la política y los negocios.
Existen, eso sí, destellos fugaces, mujeres inolvidables que constituyen una fuerza impulsadora de su hombre, como es el caso de la atrevida e incomparable Manuela Sáenz, libertadora del Libertador*. Como excelente jineta, supo situarse por encima de la percepción que entonces se tenía de las mujeres, y afrontar el inmarcesible reto. O el de la andariega Alienor de Aquitania, reina consorte de Francia y luego de Inglaterra que además de una vida llena de aventuras, cabalgaduras, trovadores y dos cruzadas tuvo la proeza, para esa época, de vivir 82 años.
Pero, en términos generales, hasta hace poco y más en Latinoamérica, cada quien debía estar en su respectivo lugar.
Como no soy feminista, (y me refiero a no ser esclava del feminismo` político ), observo que el papel de la mujer ha cambiado, pero no estoy muy segura si totalmente o para bien del machismo disfrazado. Por eso me pregunto si ganar tanto no significa también perder otro tanto.
En términos de mi querido Montaigne, que es mi luz y mi faro pero no mucho en estas materias, (como es lógico por la época en que vivió,) el resultado es tajante : las mujeres de su época no servían para mucho más que para callarse, no estorbar, coger - como dicen los españoles - y ser madres, suegras o abuelas. Pero le perdono a Montaigne por ser él quien es.
Como lo recalca Madeleine Valette-Fondo * Montaigne, por temperamento, mezcla en sus ensayos lo bueno de lo masculino y lo bueno de lo femenino: el estilo de la lengua francesa - “graciosa, delicada, abundante” , revitalizada por su gascón natal “bello, seco suscinto y significante” más el “apretado y musculoso” latín de Séneca .
En todo caso, así como en el siglo XX Robert Musil (1880-1942 ) * se amparó en el hombre sin atributos para analizar lo que quería analizar, también quiero recalcar que , en el rasero actual, mis atributos no existen. No tengo poder más que el de mi palabra. No puedo convencer a la humanidad de que a mis 75 vivo desenfrenadamente, que supero a todo el mundo ciberneuta en likes y obviamente, tampoco que soy atractivísima, a pesar de cuanta crema me echo para quitarme arrugas como lo prometen todas ( las cremas ) y como lo creemos todas ( las mujeres que usamos cremas). Tengo apenas la apariencia de una mujer que, o bien se estiró la piel, o bien usa crema para estirarse la piel, como sentencian en sus publicidades las cremas rivales.
En todo caso, me complace tener ciertos atributos que no sé si son femeninos y masculinos, pero pueden serlo, como la contundencia el método, la ironía, la pasión por la lectura, el atrevimiento, el análisis crítico. Y no lo sé ( si son femeninos o masculinos) porque no se valoran mucho en Colombia.
El hecho de que mis atributos no existan para los demás lo puedo demostrar de muchas maneras y con muchas razones, principalmente, a mi modo de ver, una en especial : soy cónyuge feliz y contenta, desde hace 52 años, de un hombre famoso. Desde luego, eso de feliz y contenta es para no caer en los desapacibles detalles, porque entonces mis lectores y lectoras decidirían abandonarme de inmediato, pues el único atributo existente en mí es no competir por ser “in”.
Aclaro también que la envidia y los celos han sido solo una parte de mi proceso de exclusión, separación, diferenciación, descarte, rechazo, desprecio, repudio, omisión , destierro social y, en todo caso, mi existencia frágil e ignorada de mujer sin atributos.
Pero el tema no es de mis atributos – que no existen- sino el de un ambiente en que hombres y mujeres parecen no notar lo que se aproxima como cuando Musil advertía que se aproximaba un cataclismo entre las potencias europeas.
Hoy no solo se avecina un cataclismo en Europa, entre Rusia y la CEE por la cereza del ponqué (es decir Ukrania) sino en la distante Colombia, convertida en el primer productor mundial de candidatos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario