miércoles, 23 de febrero de 2022

¿POR QUÉ SOY UNA MUJER SIN ATRIBUTOS?

 Por María Teresa Herrán.

Tomado del blog "Opinar es debatir sin pelear"  de 29 de enero de 2022.

https://mariatherran46.blogspot.com/




    Foto MTH 

Nota : 

Que el 2022 sea oportunidad para otro estilo, como dicen los  diseñadores y un nuevo "look" como dicen los fans-  para  mezclar, de cuando en cuando,  la realidad con la ficción, como lo hacen  con mucha propiedad   Doñas Tola y Maruja.

El asterisco* indica la referencia al final del artículo.

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Tal vez podemos empezar por el principio. ¿Como  se evalúan los atributos de una mujer?   Durante   muchos siglos y en muchas culturas,  los atributos  se  atribuían – y perdonen la redundancia-  según se fuera hombre o mujer. 

Si era  hombre,  debía tener  ciertos  atributos, como el  “innato”  gusto por el poder  y – claro-,  esa hombría  que por cierto ha tenido  cierta  tendencia a  diluirse, como se verá más adelante en mi estilo 2022. 

 Si era   mujer,  el  mayor  atributo  era el de la maternidad. Eso facilitaba,  para el hombre, nada  menos que   imponerse sobre los demás, y en el  otro caso,  el de las mujeres,  suponía  no  estar  autorizada para opinar  sobre  ciertos  temas  considerados  impropios, como la política y los negocios. 

Existen, eso sí,  destellos fugaces,  mujeres  inolvidables que   constituyen una fuerza  impulsadora  de su hombre, como es el caso de la atrevida e incomparable Manuela Sáenz, libertadora del Libertador*. Como excelente jineta, supo   situarse  por  encima  de la percepción  que  entonces se tenía de las mujeres, y  afrontar el inmarcesible reto.   O el de la  andariega  Alienor  de Aquitania,  reina  consorte de  Francia y luego de  Inglaterra que  además de  una  vida llena de aventuras, cabalgaduras, trovadores y dos cruzadas    tuvo la proeza, para  esa época, de vivir  82 años.

 Pero,  en términos generales,  hasta hace poco y más en Latinoamérica, cada quien debía  estar en su respectivo lugar.

Como  no soy   feminista, (y me refiero  a  no ser esclava del    feminismo` político ), observo   que el papel de la mujer  ha cambiado, pero  no estoy muy segura si  totalmente o para bien del machismo  disfrazado.  Por eso me pregunto si  ganar tanto no significa también  perder otro tanto.  

En términos de  mi querido  Montaigne, que  es mi luz y  mi faro   pero no mucho  en estas materias,   (como es lógico por la época en que vivió,) el  resultado es  tajante :  las mujeres de su época   no  servían para  mucho más que  para callarse, no estorbar,  coger  - como  dicen los españoles - y ser madres,  suegras o  abuelas.  Pero  le  perdono a Montaigne por  ser él  quien es. 

Como lo recalca Madeleine  Valette-Fondo * Montaigne,   por  temperamento, mezcla  en sus  ensayos lo bueno de lo  masculino y lo bueno de lo femenino:  el  estilo  de la lengua   francesa  -  “graciosa, delicada, abundante” ,  revitalizada  por su gascón natal  “bello, seco suscinto y  significante” más    el  “apretado y musculoso”   latín de   Séneca .   

 En todo caso,  así como  en el siglo XX   Robert Musil  (1880-1942 ) *  se  amparó  en  el hombre sin  atributos para    analizar lo que  quería analizar,  también  quiero  recalcar  que , en  el rasero   actual, mis  atributos  no existen. No tengo poder  más   que  el de mi  palabra.  No puedo convencer a la humanidad  de que  a  mis   75   vivo   desenfrenadamente, que supero  a todo el mundo  ciberneuta en likes y  obviamente,   tampoco    que  soy  atractivísima, a pesar de cuanta crema me  echo para  quitarme  arrugas  como lo  prometen todas ( las cremas ) y como lo creemos  todas ( las mujeres que usamos cremas). Tengo apenas la apariencia de   una mujer  que,  o bien se estiró la piel, o bien usa  crema  para estirarse la  piel, como sentencian  en  sus publicidades las cremas rivales.

En todo caso, me complace tener  ciertos   atributos que no sé  si  son femeninos y masculinos,  pero pueden serlo, como la  contundencia  el método,  la ironía,  la pasión por la lectura, el atrevimiento, el análisis crítico.  Y no lo sé  ( si son femeninos o masculinos) porque no se valoran mucho en Colombia.

El hecho de que  mis  atributos no existan para los demás lo puedo demostrar de muchas maneras  y   con muchas razones, principalmente,  a mi modo de ver,  una  en especial :   soy cónyuge  feliz y contenta, desde hace 52  años,  de  un  hombre famoso.  Desde  luego,  eso de feliz y contenta es para  no caer en   los desapacibles detalles, porque  entonces mis lectores y  lectoras  decidirían  abandonarme  de inmediato, pues  el  único   atributo  existente  en mí  es  no  competir por ser “in”.

 Aclaro también que   la envidia  y los celos han sido solo  una parte de  mi proceso de  exclusión,   separación,  diferenciación,   descarte, rechazo,  desprecio, repudio, omisión , destierro social y, en todo  caso, mi existencia  frágil e ignorada de mujer sin atributos.

Pero   el tema  no es de  mis atributos – que  no existen- sino  el de un ambiente en  que hombres y mujeres parecen no notar  lo que se aproxima  como cuando Musil  advertía que  se  aproximaba un  cataclismo   entre  las potencias europeas.  

Hoy   no solo se  avecina un cataclismo   en Europa, entre Rusia y la  CEE  por  la cereza del ponqué   (es decir  Ukrania) sino en la distante Colombia,   convertida en  el primer productor mundial de candidatos.  


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