domingo, 17 de abril de 2022

Escuchando una cantata de Prokofiev

 Por Eduardo Gómez

 

Las doncellas gorjean

como salidas de un edén campesino

y un coro de mozos puros y salvajes

entona un himno de lejanas batallas.

El sol disipa mi antigua noche

con torrentes poderosos de voces masculinas

bordadas delicadamente por estrellas

que cantan en el fondo de cielos sombríos.

 

Oh esplendor de la joven humana raza

de titanes desnudos!

Oh poderío de cuerpos y voces que ascienden

hasta dominar colosales océanos

estepas y ciudades de cúpulas doradas.

Me abro al sol para que me caliente el corazón.

El sol inunda a raudales mi ominosa noche.

¿Dónde

            Cuándo

                        A qué hora sagrada

estaremos dispuestos al vértigo

de la sinfonía de las multitudes que se atreven a cantar?

Oíd la cantata de la humanidad redimida

la incontenible ola de  los pueblos

que se empenacha con los acordes de la tempestad

y se propaga como una orquestación infinita.

 

Vivid este momento culminante como furiosa espuma

más allá de los cuidados reptantes de la sobrevivencia,

porque a la manera inverosímil de antiguas leyendas

a veces alcanzamos la desatada belleza de un león-arcángel

de una seráfica bestia que condensa los cielos y el infierno.

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