Por Eduardo Gómez
Las
doncellas gorjean
como
salidas de un edén campesino
y
un coro de mozos puros y salvajes
entona
un himno de lejanas batallas.
El
sol disipa mi antigua noche
con
torrentes poderosos de voces masculinas
bordadas
delicadamente por estrellas
que cantan en el fondo de cielos sombríos.
Oh
esplendor de la joven humana raza
de
titanes desnudos!
Oh
poderío de cuerpos y voces que ascienden
hasta
dominar colosales océanos
estepas
y ciudades de cúpulas doradas.
Me
abro al sol para que me caliente el corazón.
El
sol inunda a raudales mi ominosa noche.
¿Dónde
Cuándo
A qué hora sagrada
estaremos
dispuestos al vértigo
de
la sinfonía de las multitudes que se atreven a cantar?
Oíd
la cantata de la humanidad redimida
la
incontenible ola de los pueblos
que
se empenacha con los acordes de la tempestad
y
se propaga como una orquestación infinita.
Vivid
este momento culminante como furiosa espuma
más
allá de los cuidados reptantes de la sobrevivencia,
porque
a la manera inverosímil de antiguas leyendas
a
veces alcanzamos la desatada belleza de un león-arcángel
de
una seráfica bestia que condensa los cielos y el infierno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario