lunes, 2 de mayo de 2022

LA NUEVA INQUISICIÓN

Por Eduardo Gómez

En reciente noticia se informo que Elon Musk, “el hombre más rico del mundo”, compró Twitter y dijo que lo hacía dizque para “asegurar la libertad de expresión”. Se necesita estar muy alienado en un egocentrismo completamente acrítico respecto a un elemental sentido de la situación porque precisamente el hombre más rico del mundo es el menos apto para defender una libertad de expresión aceptable, ya que el mundo de los plutócratas se apoya en una serie de mentiras que (ingenua o cínicamente) son difundidas por los medios de comunicación que están comprados y al servicio del Sistema imperante como por ejemplo, que el Sistema capitalista con sus dramáticas desigualdades, es el modelo de democracia, que los pobres los son por ser incapacitados, que las razas de color son inferiores, que el capitalismo desarrollado es insuperable e inmodificable, que puede haber acumulación de capital por métodos limpios, etc. ¿Cómo puede un representante típico e importante de ese Sistema, propiciar una auténtica libertad de expresión? Sin las mentiras acomodaticias el Sistema se derrumbaría y eso está sucediendo en la medida en la que se afianzan las verdades históricas y los pueblos se van liberando.

Con la guerra en Ucrania esa pretendida libertad de expresión ha hecho su peor crisis. No sólo se impide que los dirigentes rusos aclaren los motivos que tuvieron para iniciarla abiertamente (porque desde antes ya existían hostilidades y en forma solapada y ocasional, las directivas ucranianas —títeres de Estados Unidos— bombardeaban de vez en cuando el territorio de Donbass, que se adhirió a Rusia mayoritariamente, provocando masacres con cerca de 14000 muertes en los últimos años). El propósito de Estados Unidos y sus satélites era estrechar el círculo de la OTAN y hostigar a Rusia cada vez más, intentando la destrucción progresiva de ese pueblo y su cultura. Esta tarea había sido iniciada por grupos ucranianos de carácter fascista y por la intención de afiliar a Ucrania a la OTAN y a la Unión Europea. No se recuerda una campaña mundial de difamación y de intentos de bloqueo económico, político y cultural, como la iniciada debido al conflicto de Ucrania. Desde que la Unión Soviética fue decisiva en la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial (sacrificando para lograrlo más de 27 millones de personas y sufriendo la destrucción de sus ciudades, porque la URSS tuvo que afrontar casi sola la guerra con la poderosa Alemania nazi, ya que los aliados occidentales se negaron durante tres años ha abrir en Europa un nuevo frente de batalla suficientemente eficaz, seguramente con la secreta esperanza de que la Alemania nazi aniquilara la revolución bolchevique) la histeria anticomunista no ha cesado. Hubo pausas en esa inquisición como después de la caída del poder soviético, cuando se creyó que la revolución no se recuperaría, pero se ha ido intensificando nuevamente cuando el movimiento liderado por Vladimir Putin ha ido rehaciendo la potencia de Rusia, esta vez en alianza con la formidable revolución China, y apoyando progresivamente las revoluciones hacia el socialismo de una serie de países como Cuba, Venezuela, Vietnam, Corea del Norte, Irán y Siria. Hasta hace poco, la política interna y externa de los exitosos gobiernos de Putin, había sido cautelosa y soterrada, sin violentar etapas y acumulando poder y acrecentándolo sin mostrar claramente sus últimos fines y sin poner todas las cartas sobre la mesa, pero la adhesión pacifica y mayoritaria de Crimea a la Federación Rusa y luego del industrializado territorio ucraniano de Donbass, provocaron la actividad creciente de los grupos pronazis que Ucrania heredó de la Segunda Guerra Mundial y obligaron al gobierno de Putin a actuar desembarazadamente para defenderse del cerco creciente de la OTAN, de modo tal que estamos ante un renacimiento de la Guerra Fría que peligrosamente se mantiene con desbordamientos hacia una guerra “caliente”. En artículo que publicamos en esta última entrega del Blog, se aclaran las perversas intenciones del occidente capitalista, empeñado (con más saña y de forma más sistemática que antes) en lo que ellos llaman “La guerra cognitiva”. Sin embargo, y según las últimas informaciones, esta modalidad imperialista esta fracasando porque apenas se puede hablar de “guerra” para designar lo que ha sido una labor defensiva y de limpieza de los grupos fascistas de Ucrania (y sin que Estados Unidos y Europa se hayan atrevido a participar directa y activamente). Las tropas ucranianas apenas han actuado, vencidas por el poderoso Ejército Rojo y el gobierno títere de Ucrania ha tenido que desistir de su integración a la OTAN y a la Unión Europea, a más de que nuevas ciudades de Ucrania han sido vinculadas a Rusia.

El bloqueo político contra la Federación Rusa también esta fracasando porque la crisis del gas ha obligado a Alemania a no cortar sus importaciones de Rusia y ha hecho subir los precios del petróleo y la gasolina en formas sin precedentes. A Polonia y Bulgaria se les ha cortado el gas porque no pagan en rublos y como resultado de las medidas contra Rusia la inflación se ha agravado en occidente, debido a la creciente carestía del transporte (que hace subir todos los precios). La crisis capitalista se pone en evidencia en todo el mundo y ya la pandemia es insuficiente para desviar la atención sobre su gravedad y como excusa de la misma. La baja del consumo, la desocupación y la carestía están a la orden del día.

“Mientras aumentan los muertos y heridos de lado y lado por el conflicto entre Ucrania y Rusia, el presidente Vladimir Putin anunció una especie de sistema de recompensas para sus soldados y los familiares que resulten afectados por la guerra. En sus declaraciones del 4 de marzo de 2022, expuso que se pagarán 5 millones de rublos a los familiares directos de los militares abatidos en el conflicto, lo que equivale a unos 42.000 euros o unos 45.000 dólares americanos. Por otra parte, también anunció una compensación menor para los parientes y soldados que hayan resultado heridos, con 3 millones de rublos, que serían más de 25.000 euros o 27.000 dólares.”

 

La infamia y cinismo de la propaganda antirrusa que se propaga sin tregua en occidente ha llegado al extremo de escenificar supuestas masacres hechas por los rusos como la de Bucha y otras que en realidad han tenido lugar contra los sectores del pueblo ucraniano que son amigos de la Rusia de Putin, como se podrá aclarar en los artículos que transcribimos del periódico “Voz”. Las tropas ucranianas están desmoralizadas y no pueden resistir al poderoso Ejército Rojo.

 

La verdad ira imponiéndose poco a poco pero el daño que ocasionan las falsedades difundidas deja huellas indelebles en vastos sectores de la población mundial; esta nueva inquisición contra Rusia y lo que representa, nos recuerda la inquisición española pero es aún más dañina que aquella porque cuenta con eficaces medios de difusión a escala mundial, logrando retardar la historia de muchos países y denigrando precisamente a uno de los pueblos más nobles, heroicos y fecundos culturalmente, de la historia, como es el pueblo ruso con sus aportes invaluables a la liberación de la humanidad respecto del nazismo y a la revolución progresiva hacia una justicia social, un enriquecimiento de las artes y del pensamiento filosófico y la ciencia.

 

 

 

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