Por Eduardo Gómez
En reciente noticia se informo que Elon Musk, “el
hombre más rico del mundo”, compró Twitter y dijo que lo hacía dizque para “asegurar
la libertad de expresión”. Se necesita estar muy alienado en un egocentrismo
completamente acrítico respecto a un elemental sentido de la situación porque
precisamente el hombre más rico del mundo es el menos apto para defender una
libertad de expresión aceptable, ya que el mundo de los plutócratas se apoya en
una serie de mentiras que (ingenua o cínicamente) son difundidas por los medios
de comunicación que están comprados y al servicio del Sistema imperante como
por ejemplo, que el Sistema capitalista con sus dramáticas desigualdades, es el
modelo de democracia, que los pobres los son por ser incapacitados, que las
razas de color son inferiores, que el capitalismo desarrollado es insuperable e
inmodificable, que puede haber acumulación de capital por métodos limpios, etc.
¿Cómo puede un representante típico e importante de ese Sistema, propiciar una
auténtica libertad de expresión? Sin las mentiras acomodaticias el Sistema se derrumbaría
y eso está sucediendo en la medida en la que se afianzan las verdades históricas
y los pueblos se van liberando.
Con la guerra en Ucrania esa pretendida libertad de expresión
ha hecho su peor crisis. No sólo se impide que los dirigentes rusos aclaren los
motivos que tuvieron para iniciarla abiertamente (porque desde antes ya existían
hostilidades y en forma solapada y ocasional, las directivas ucranianas —títeres
de Estados Unidos— bombardeaban de vez en cuando el territorio de Donbass, que
se adhirió a Rusia mayoritariamente, provocando masacres con cerca de 14000
muertes en los últimos años). El propósito de Estados Unidos y sus satélites era
estrechar el círculo de la OTAN y hostigar a Rusia cada vez más, intentando la destrucción
progresiva de ese pueblo y su cultura. Esta tarea había sido iniciada por
grupos ucranianos de carácter fascista y por la intención de afiliar a Ucrania
a la OTAN y a la Unión Europea. No se recuerda una campaña mundial de difamación
y de intentos de bloqueo económico, político y cultural, como la iniciada debido
al conflicto de Ucrania. Desde que la Unión Soviética fue decisiva en la
derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial (sacrificando para lograrlo
más de 27 millones de personas y sufriendo la destrucción de sus ciudades,
porque la URSS tuvo que afrontar casi sola la guerra con la poderosa Alemania
nazi, ya que los aliados occidentales se negaron durante tres años ha abrir en
Europa un nuevo frente de batalla suficientemente eficaz, seguramente con la
secreta esperanza de que la Alemania nazi aniquilara la revolución bolchevique)
la histeria anticomunista no ha cesado. Hubo pausas en esa inquisición como después
de la caída del poder soviético, cuando se creyó que la revolución no se recuperaría,
pero se ha ido intensificando nuevamente cuando el movimiento liderado por
Vladimir Putin ha ido rehaciendo la potencia de Rusia, esta vez en alianza con
la formidable revolución China, y apoyando progresivamente las revoluciones
hacia el socialismo de una serie de países como Cuba, Venezuela, Vietnam, Corea
del Norte, Irán y Siria. Hasta hace poco, la política interna y externa de los
exitosos gobiernos de Putin, había sido cautelosa y soterrada, sin violentar etapas
y acumulando poder y acrecentándolo sin mostrar claramente sus últimos fines y
sin poner todas las cartas sobre la mesa, pero la adhesión pacifica y mayoritaria
de Crimea a la Federación Rusa y luego del industrializado territorio ucraniano
de Donbass, provocaron la actividad creciente de los grupos pronazis que
Ucrania heredó de la Segunda Guerra Mundial y obligaron al gobierno de Putin a
actuar desembarazadamente para defenderse del cerco creciente de la OTAN, de
modo tal que estamos ante un renacimiento de la Guerra Fría que peligrosamente
se mantiene con desbordamientos hacia una guerra “caliente”. En artículo que
publicamos en esta última entrega del Blog, se aclaran las perversas
intenciones del occidente capitalista, empeñado (con más saña y de forma más sistemática
que antes) en lo que ellos llaman “La guerra cognitiva”. Sin embargo, y según las
últimas informaciones, esta modalidad imperialista esta fracasando porque
apenas se puede hablar de “guerra” para designar lo que ha sido una labor
defensiva y de limpieza de los grupos fascistas de Ucrania (y sin que Estados
Unidos y Europa se hayan atrevido a participar directa y activamente). Las tropas
ucranianas apenas han actuado, vencidas por el poderoso Ejército Rojo y el
gobierno títere de Ucrania ha tenido que desistir de su integración a la OTAN y
a la Unión Europea, a más de que nuevas ciudades de Ucrania han sido vinculadas
a Rusia.
El bloqueo político contra la Federación Rusa también esta
fracasando porque la crisis del gas ha obligado a Alemania a no cortar sus
importaciones de Rusia y ha hecho subir los precios del petróleo y la gasolina
en formas sin precedentes. A Polonia y Bulgaria se les ha cortado el gas porque
no pagan en rublos y como resultado de las medidas contra Rusia la inflación se
ha agravado en occidente, debido a la creciente carestía del transporte (que
hace subir todos los precios). La crisis capitalista se pone en evidencia en
todo el mundo y ya la pandemia es insuficiente para desviar la atención sobre
su gravedad y como excusa de la misma. La baja del consumo, la desocupación y la
carestía están a la orden del día.
“Mientras aumentan los muertos y heridos de lado y
lado por el conflicto entre Ucrania y Rusia, el presidente Vladimir Putin
anunció una especie de sistema de recompensas para sus soldados y los familiares
que resulten afectados por la guerra. En sus declaraciones del 4 de marzo de
2022, expuso que se pagarán 5 millones de rublos a los familiares directos de
los militares abatidos en el conflicto, lo que equivale a unos 42.000 euros o
unos 45.000 dólares americanos. Por otra parte, también anunció una
compensación menor para los parientes y soldados que hayan resultado heridos,
con 3 millones de rublos, que serían más de 25.000 euros o 27.000 dólares.”
La infamia y cinismo de la propaganda antirrusa que se
propaga sin tregua en occidente ha llegado al extremo de escenificar supuestas
masacres hechas por los rusos como la de Bucha y otras que en realidad han
tenido lugar contra los sectores del pueblo ucraniano que son amigos de la Rusia
de Putin, como se podrá aclarar en los artículos que transcribimos del periódico
“Voz”. Las tropas ucranianas están desmoralizadas y no pueden resistir al
poderoso Ejército Rojo.
La verdad ira imponiéndose poco a poco pero el daño
que ocasionan las falsedades difundidas deja huellas indelebles en vastos
sectores de la población mundial; esta nueva inquisición contra Rusia y lo que
representa, nos recuerda la inquisición española pero es aún más dañina que
aquella porque cuenta con eficaces medios de difusión a escala mundial,
logrando retardar la historia de muchos países y denigrando precisamente a uno
de los pueblos más nobles, heroicos y fecundos culturalmente, de la historia,
como es el pueblo ruso con sus aportes invaluables a la liberación de la
humanidad respecto del nazismo y a la revolución progresiva hacia una justicia social,
un enriquecimiento de las artes y del pensamiento filosófico y la ciencia.
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