miércoles, 13 de julio de 2022

DOS POEMAS DE EDUARDO GÓMEZ

 RÉQUIEM SIN LLANTO

 

Hace un mes comenzó tu muerte

y desde el primer día

los niños juegan en los parques como siempre

y tu habitación fue alquilada

a un obrero grandote y parrandero

y todo parece igual en las calles

aunque tu rostro palidece cada vez más en el recuerdo.

 

Cuando la oscuridad me rodea en la noche

me concentro angustiado en revivirte

reconstruyo tu rostro cerrando los ojos y crispando los puños

mas solamente flotas al final de un jardín iluminado por la luna

y es en vano porque no pronuncias palabra

y tu imagen tiembla y se borra

como cuando tocamos los paisajes

que el agua quieta refleja.

 

Las gentes trabajan

                                 conversan

                                                 pasan a mi lado

y sus ojos resbalan sobre mí indiferentes.

Pienso que son crueles

pero luego recuerdo que no te conocieron

que no me saben portador de la tremenda noticia

y aunque te hubieran conocido y amado

¿acaso podrían hacer algo que no fuese su vida?

 

Nuestro mundo comienza a ser joven

nuestro mundo solamente ama

aquellos muertos que le han dado más vida.

 

Por eso no escaparás al olvido

por eso es tan difícil retenerte

por eso es tan fácil

llenar el vacío dejado por ti.

Tu vida fue inocente

y tu muerte no estremece.

Es apenas una sonrisa que la niebla va esfumando

un eco melodioso que se pierde en oscuros corredores

a donde ya no podremos seguirle.


ANÓNIMO


El hombre aquel no tenía madre.

Tenía manos golpeadas

paisajes entrevistos

y una guitarra oscura

que acariciaba largamente.

 

El hombre aquel

—eI Juancho

el Pablo—

dijo en silencio que tenía hambre

hablaba solamente

con las venas henchidas

de la pasión de amar.

 

No tenía madre.

 

Caminó siempre aturdido

—¡el pobre!—

por una quieta llanura

de crepúsculos heridos.

 

Tal vez alguna noche

casi pudo saber.

Tal vez mas no se supo.

 

No tenía madre.

 

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