RÉQUIEM SIN LLANTO
Hace
un mes comenzó tu muerte
y
desde el primer día
los
niños juegan en los parques como siempre
y
tu habitación fue alquilada
a
un obrero grandote y parrandero
y
todo parece igual en las calles
aunque
tu rostro palidece cada vez más en el recuerdo.
Cuando
la oscuridad me rodea en la noche
me
concentro angustiado en revivirte
reconstruyo
tu rostro cerrando los ojos y crispando los puños
mas
solamente flotas al final de un jardín iluminado por la luna
y
es en vano porque no pronuncias palabra
y
tu imagen tiembla y se borra
como
cuando tocamos los paisajes
que
el agua quieta refleja.
Las
gentes trabajan
conversan
pasan a mi lado
y
sus ojos resbalan sobre mí indiferentes.
Pienso
que son crueles
pero
luego recuerdo que no te conocieron
que
no me saben portador de la tremenda noticia
y
aunque te hubieran conocido y amado
¿acaso
podrían hacer algo que no fuese su vida?
Nuestro
mundo comienza a ser joven
nuestro
mundo solamente ama
aquellos
muertos que le han dado más vida.
Por
eso no escaparás al olvido
por
eso es tan difícil retenerte
por
eso es tan fácil
llenar
el vacío dejado por ti.
Tu
vida fue inocente
y
tu muerte no estremece.
Es
apenas una sonrisa que la niebla va esfumando
un
eco melodioso que se pierde en oscuros corredores
a donde ya no podremos seguirle.
ANÓNIMO
El hombre aquel no tenía madre.
Tenía manos golpeadas
paisajes entrevistos
y una guitarra oscura
que acariciaba largamente.
El hombre aquel
—eI Juancho
el Pablo—
dijo en silencio que tenía hambre
hablaba solamente
con las venas henchidas
de la pasión de amar.
No tenía madre.
Caminó siempre aturdido
—¡el pobre!—
por una quieta llanura
de crepúsculos heridos.
Tal vez alguna noche
casi pudo saber.
Tal vez mas no se supo.
No tenía madre.
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