Por Fernando Dorado, Popayán, 21 de julio de 2022
E-mail: ferdorado@gmail.com
“En
la etapa de gobierno, el Pacto Histórico y sus dirigentes cometeremos errores
que deberán examinarse y corregirse. No obstante hay dos que considero imperdonables:
gobernar sin el pueblo, y dejar de hacer las profundas reformas sociales que
requiere Colombia.”
Iván
Cepeda Castro
Gustavo Petro y
Francia Márquez ya gobiernan. La selección y designación de sus colaboradores
(ministros, embajadores y direcciones del Congreso y demás entidades) y la
forma como lo han hecho, son actos de gobierno que influyen en la sociedad y en
su propia gente. Unos se tranquilizan, otros se tensionan y unos más, se
preocupan.
Quienes fueron
derrotados en las elecciones le adjudican a Petro -aún sin posesionarse-
fenómenos que no controlan (inflación, devaluación, violencia, etc.). Es
resultado de su incapacidad y frustración, y una muestra de la actitud que
asumirán en el futuro inmediato. Otros sectores se integran al nuevo gobierno
para defender “desde adentro” sus intereses.
Los “roces” que se
presentan al interior del Pacto Histórico, del “frente amplio” y del gobierno “aún
más amplio” que se está conformando, es la expresión de una lucha política que
no debe extrañar a nadie.
Decir que son
rencillas personales, “celos burocráticos” o acudir a ese tipo de
explicaciones, para lo único que sirve es para ocultar la evolución de las
luchas socio-políticas y a no entender el desarrollo dialéctico de la vida
(movimiento complejo y no lineal).
Desde el 13 de
marzo de 2022, con la irrupción de Francia Márquez y lo que ella representa en la política
colombiana, surgió por fin la expresión política de un verdadero sector
popular que busca ocupar los espacios que siempre se le han negado.
Pero además, en la
dinámica de derrotar al “uribismo” (expresión política de los grandes
terratenientes y mafias despojadoras de tierra) y de neutralizar a la
oligarquía financiera, surgió una alianza interclasista en la que la burguesía “emergente”
y la “burocrática” empiezan a ocupar un papel preponderante (proceso real).
Es inevitable que
durante toda esta etapa se desarrolle una lucha política al interior de esa
alianza interclasista, en la que Petro y Francia deben jugar un papel moderador
y unificador mediante la generación de un proceso democrático y pluralista al
interior de esa alianza de clases y sectores sociales.
Por un tiempo esa
burguesía “emergente” (que está entrelazada con la “burocrática”) puede jugar
un papel importante y progresista, y por ello, dicha lucha política al interior
de esa alianza interclasista debe hacerse visible, explícita, no negada, pero,
a la vez, debe realizarse con tacto y prudencia a fin de no lanzar a dichas
fuerzas al lado de los contrarios.
No será una tarea
fácil pero hay que dar la batalla. Lo que Petro llama “transición” es la
concreción de esa lucha, y por ello, quienes representan a los trabajadores, a
los campesinos (mestizos, afros e indígenas), a los “nadie” (informales,
desempleados, etc.) y a los pequeños y medianos productores (urbanos y rurales),
deben clarificar sus intereses, unificarse mucho más y desarrollar una
estrategia inteligente.
Pero, no se pueden
ocultar las diferencias y contradicciones que existen en la vida. Esconderlas es
hacerle el juego a quienes quieren “tirar hacia atrás la rueda de la historia”.
Petro va a
gobernar en medio de diversas tensiones y dilemas. Deberá apoyarse en los
sectores efectivamente progresistas y reformistas, encauzar a los impacientes y
afanados, lidiar con los que se suman para defender privilegios, desenmascarar a
los expertos en cambiar normas para mantener políticas tradicionales y derrotar
a los desestabilizadores (futuros golpistas).
Así mismo, puede gobernar
“de hecho” con la Constitución y las leyes vigentes pero tendrá que reformar
algunas normas e instituciones que son un obstáculo por obsoletas. Su reto y
dilema consiste en ejecutar un “buen gobierno” que abra cauces y caminos hacia
adelante o en realizar un “extraordinario gobierno” que pueda mostrar grandes
obras y realizaciones.
Mirando hacia el
futuro, ese buen gobierno sería lo más extraordinario que le podría ocurrir a
Colombia. Las experiencias de pueblos vecinos son demostraciones de esas lecciones
aprendidas.
Su gobierno estará
en el marco de lo sucedido con los últimos estallidos sociales en el mundo
(incluyendo Colombia). Han sido “revoluciones incompletas”, crearon una especie
de “legitimidad revolucionaria” susceptible posteriormente de ser secuestrada
por actores que no representan en lo más mínimo los intereses de los
participantes en esos estallidos.
Por ello, la
principal tarea del movimiento social es ayudarle a Petro a realizar ese “buen
gobierno”. Para hacerlo no requiere “meterse de cabeza” en la institucionalidad
estatal (legislativa, burocracia) sino colocarse al frente de la sociedad para
hacerlo en medio de la vida y la lucha cotidiana, en los procesos productivos y
culturales y en todos los terrenos en donde se construyen nuevas relaciones
sociales (frente al “otro” y a la naturaleza).
Se necesita la
acción “por arriba” y “desde abajo”, sin aspavientos insurreccionales y con
mucho sentido práctico. Y Petro y Francia parecen tenerlo claro.
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